Liga BBVA | Real Sociedad 1 - Espanyol 0

Forlín no fue Bravo

Gol en propia meta del central y partidazo del meta

<b>PROTAGONISTAS. </b>Forlín anduvo correcto hasta la acción del gol, como por ejemplo en este balón aéreo que despeja Kameni.
Iván Molero
Redacción de AS
Llegó al Diario AS como estudiante en prácticas en 2002, y desde que se licenció en Periodismo por Blanquerna, de la Universitat Ramon Llull, se ha especializado en la información del Espanyol, sobre el que también ha co-escrito libros, todo ello atendiendo al seguimiento de otros equipos, deportes y eventos desde la delegación de Barcelona.
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El reencuentro del Espanyol con Tamudo iba para 0-0, incluso cuando el homenajeado había abandonado ya el césped; por cierto, sembrado en apenas 48 horas pero impecable. Es decir, with or without yo (con o sin Tamudo), como cantó U2 hace siete días en Anoeta. No es que el encuentro careciera de ocasiones -pues la Real Sociedad insistía sobre todo de cabeza y los pericos perturbaban a un soberbio Bravo en un goteo impertinente- pero ambos equipos se habían autoimpuesto el modo de ahorro de energía: aparecían y desaparecían a rachas. Era como si el gol hubiera dado plantón en su propia fiesta, la del vigente pichichi realista y máximo realizador de la historia perica. Hasta que Forlín se encargó de arreglar la incongruencia, eso sí, en la portería equivocada. A seis del final, el central perico marcó el tanto de la victoria txuri urdin de espuela, una vez Kameni había sacado una mano increíble a un ajustado chut de falta de Sarpong.

A Forlín acaso le había dejado descentrado su continuo forcejeo con Tamudo. Lo intentó todo, motivado e hiperactivo quizá para demostrar a Pochettino que erró condenándole al ostracismo. A su manera: buscando el gol que se le negó y que le hubiera convertido en el máximo anotador catalán de siempre, Murillo mediante. Remató con ambas piernas, de cabeza, casi sin ángulo, y desplegó un recital de aspavientos.

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Pero no menos determinante que Forlín resultó Bravo. Mostró su carta de presentación al cuarto de hora, cuando Osvaldo se avanzó a su marcador en el área pequeña tras un gran centro de Luis García. Fue la primera de muchas y decisivas intervenciones, que fueron incrementando conforme se acercaba el final. Antes del 1-0, desbarató un cabezazo franco de Duscher y un derechazo de Callejón. Pero después del gol, en el tiempo de prolongación, estuvo omnipresente y salvador. Se anticipó a Álvaro en la línea de gol y, acto seguido, desvió a córner un trallazo de Luis. Era el 1-1 y casi sin tiempo para más.

El caso es que entre los antagonistas Forlín y Bravo, además del morbo por ver a Tamudo, se focalizó el interés de un encuentro que de inicio contó con dos propuestas valientes. La de Lasarte, de guardarse a Llorente para la segunda mitad situando al de Santa Coloma de nuevo solo en punta. Y la de Pochettino, dando entrada a Galán -a la postre, lesionado de gravedad- para obstruir el desborde de Griezmann. A resumidas cuentas, la Real dominó por alto y se coló entre los centrales, mientras que el Espanyol dominó territorialmente y resultó cuando supo asociarse, dar pases entre líneas y no apresurarse al juego directo. Pero el infortunio de Forlín lo cambió todo. La Real respira y el Espanyol sigue condenado a perderlo todo a domicilio.

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