Forlín no fue Bravo
Gol en propia meta del central y partidazo del meta


El reencuentro del Espanyol con Tamudo iba para 0-0, incluso cuando el homenajeado había abandonado ya el césped; por cierto, sembrado en apenas 48 horas pero impecable. Es decir, with or without yo (con o sin Tamudo), como cantó U2 hace siete días en Anoeta. No es que el encuentro careciera de ocasiones -pues la Real Sociedad insistía sobre todo de cabeza y los pericos perturbaban a un soberbio Bravo en un goteo impertinente- pero ambos equipos se habían autoimpuesto el modo de ahorro de energía: aparecían y desaparecían a rachas. Era como si el gol hubiera dado plantón en su propia fiesta, la del vigente pichichi realista y máximo realizador de la historia perica. Hasta que Forlín se encargó de arreglar la incongruencia, eso sí, en la portería equivocada. A seis del final, el central perico marcó el tanto de la victoria txuri urdin de espuela, una vez Kameni había sacado una mano increíble a un ajustado chut de falta de Sarpong.
A Forlín acaso le había dejado descentrado su continuo forcejeo con Tamudo. Lo intentó todo, motivado e hiperactivo quizá para demostrar a Pochettino que erró condenándole al ostracismo. A su manera: buscando el gol que se le negó y que le hubiera convertido en el máximo anotador catalán de siempre, Murillo mediante. Remató con ambas piernas, de cabeza, casi sin ángulo, y desplegó un recital de aspavientos.
Noticias relacionadas
Pero no menos determinante que Forlín resultó Bravo. Mostró su carta de presentación al cuarto de hora, cuando Osvaldo se avanzó a su marcador en el área pequeña tras un gran centro de Luis García. Fue la primera de muchas y decisivas intervenciones, que fueron incrementando conforme se acercaba el final. Antes del 1-0, desbarató un cabezazo franco de Duscher y un derechazo de Callejón. Pero después del gol, en el tiempo de prolongación, estuvo omnipresente y salvador. Se anticipó a Álvaro en la línea de gol y, acto seguido, desvió a córner un trallazo de Luis. Era el 1-1 y casi sin tiempo para más.
El caso es que entre los antagonistas Forlín y Bravo, además del morbo por ver a Tamudo, se focalizó el interés de un encuentro que de inicio contó con dos propuestas valientes. La de Lasarte, de guardarse a Llorente para la segunda mitad situando al de Santa Coloma de nuevo solo en punta. Y la de Pochettino, dando entrada a Galán -a la postre, lesionado de gravedad- para obstruir el desborde de Griezmann. A resumidas cuentas, la Real dominó por alto y se coló entre los centrales, mientras que el Espanyol dominó territorialmente y resultó cuando supo asociarse, dar pases entre líneas y no apresurarse al juego directo. Pero el infortunio de Forlín lo cambió todo. La Real respira y el Espanyol sigue condenado a perderlo todo a domicilio.



