Los jugadores rojiblancos le dedican el triunfo a Lillo
El nigeriano le sacó las castañas del fuego a Juanma Lillo. Su temprano gol hizo que el equipo se motivara. El nigeriano, con sus goles, sigue dando vida a los técnicos rojiblancos, al igual que ya hizo en más de una vez con Hugo.

Uche está ahí cuando más se le necesita. El domingo tampoco falló. Pasan las temporadas y al nigeriano se le sigue considerando uno más, pero algunos de sus goles han sido cruciales en el devenir del equipo. Ante el Deportivo, su doblete sirvió para evitar una revolución en el cuadro almeriense. Él allanó el camino y fue el portavoz de la plantilla cuando se dirigió a Juanma Lillo para dedicarle el primer tanto.
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Cosas así ya las había logrado antes. Sin ir más lejos cuando adelantó a su equipo ante la Ponferradina, el día en el que se consiguió el ascenso a Primera; también le sacó las castañas del fuego a Hugo Sánchez en varias ocasiones; y la temporada pasada, ante el Zaragoza, tiró de repertorio para hacer un golazo que le dio al equipo media permanencia. El nigeriano es de pocas palabras, prefiere actuar sobre el césped, y fueron sus compañeros, una vez finalizado el trascendental choque de Riazor, los que hablaron más largo y tendido sobre el significado de la victoria. "Hemos pasado una semana mala. El míster lo ha pasado muy mal y la victoria se la dedicamos a él y, también, a nosotros mismos. Cualquiera que hubiera marcado el gol se lo hubiera dedicado a Lillo. El equipo también se lo merece", explicó un Crusat que creía que la situación no era tan grave: "Se le ha dado mucha importancia a todo esto, es verdad que llevábamos dos puntos, pero hemos tenido mala suerte en algunos partidos como el de la Real. Ojalá que esta victoria nos dé alas y sigamos en esta dinámica". Otros, como Bernardello, que siempre apoyó al técnico, siguió haciéndolo: "Siempre hemos creído en Lillo y estamos a muerte con él. Hay que alejarse de las polémicas y seguir trabajando".
Alfonso García vio el encuentro desde la distancia, pues aunque tenía previsto viajar a A Coruña, al final decidió quedarse en su cuartel general de Águilas, desde donde estaba preparado para mover hilos en caso de que su equipo hubiese pinchado. Desde allí escuchó el discurso de Lillo, que dudó sobre la posibilidad de que el ultimátum se alargara una semana más.



