Plaza Mayor

Valdano cobra poco
Su figura se agiganta cuando le toca explicar partidos como el que jugó el Madrid contra el Levante o cuando debe comentar ciertas actitudes de Mourinho. Entonces aparece el gran Valdano, el prestidigitador, el ministro portavoz, el diplomático, el conferenciante y el seductor. Cuando la realidad se resiste, Valdano la convence. Y esto, ustedes comprenderán, tiene un precio.
Roja a Amorebieta
Más que una entrada fue una reacción química. Amorebieta es un jugador con antecedentes (siete rojas en Liga, ahora ocho) e Iniesta inspira la misma ternura que un angelote de Murillo. El resto lo puso la lluvia. El central hizo aquaplaning, el querubín voló por los aires y el árbitro sintió que con la expulsión defendía la justicia universal y a los niños del mundo. Se le reconocen los buenos sentimientos, pero quizá fue amarilla.
Lillo sigue vivo
El presidente del Almería dio un ultimátum a Lillo en vísperas de la quinta jornada: si no vencía en Riazor sería destituido. Según se fraguaba el triunfo pensamos que la impaciencia del dirigente quedaría en evidencia. Luego nos entró el miedo. Tal vez el presidente concluya que no hay mejor forma de motivar que repartir ultimatums. Quizá hasta crea, no lo descarten, que ayer el partido lo ganó él.
Míchel vs Adrián
Si ya debe ser difícil entrenar a tu hijo (cómo abroncarle, cómo no hacerlo), tampoco debe resultar sencillo jugar contra él (cómo neutralizarlo, cómo disimular). Míchel podría escribir un libro sobre estos dilemas éticos. Después de dirigir a Adrián en el Getafe, ayer lo tuvo de rival en El Sardinero. Y aún se quieren.
Triunfa Drenthe
Toda persona tiene su media naranja; Drenthe, también. No cuajó en el Real Madrid, quizá por excéntrico y algo atropellado, y ahora es ídolo en Alicante. Cuentan que el Rico Pérez está tan conmovido con su actitud que igual le aplaude los aciertos que los errores. Eso es amor. Royston corresponde devorando la banda, el balón y, si se tercia, al lateral del equipo contrario.
Raúl marcó, al fin
Y nos quitamos un peso de encima. Cada partido del Schalke era una tortura y ahora lo será un poco menos. Pero disfrutar, que nadie lo espere. No se recuerda un equipo con semejante mandíbula de cristal y tan obtuso en ataque. Lo asombroso es el poder adictivo que ejerce sobre muchos de nosotros, fieles y sufridores aficionados del Schalke cada fin de semana, hijos adoptivos de Gelsenkirchen.
Fórmula Alonso
Somos veletas, conviene admitirlo. Si Hamilton domina una carrera de cabo a rabo convocamos un plebiscito popular para cambiar las reglas y deponer a Ecclestone. Si quien apabulla es Fernando Alonso damos cuenta de aperitivo, almuerzo y postre sin apartar la cabeza del televisor, porque hay que ver, Dios mío, qué bonita es la Fórmula 1.
Basket express
Dicen los menos aficionados al baloncesto que para disfrutar de este deporte basta con ver los últimos cinco minutos de un partido. Es rotundamente falso. Si el Madrid juega contra el Barça es suficiente con atender a los cinco primeros. A esas alturas el Barcelona ya ganará por 25 o 30 puntos y ustedes, tranquilos, se podrán ir a cenar.
La frase
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Para el Madrid. Para el Zaragoza un poco menos.



