Liga BBVA | Deportivo 0 - Almería 2

Lillo cede el testigo

Uche salva su cabeza y sitúa al Deportivo penúltimo

<b>CARA Y CRUZ. </b>Uche, que pugna con Rindaroy por un balón, fue el gran protagonista con dos goles. El noruego naufragó en su debut.
Luis de la Cruz
Delegado de Galicia y Asturias
Delegado de Galicia y Asturias del Diario AS desde 2006, donde inició su andadura en 2004 después de pasar por Marca y dxt Campeón. Pegado al Deportivo de por vida, a las duras y las maduras. Licenciado en Historia Contemporánea por la Universidad de Santiago y Máster en Periodismo de La Voz de Galicia y la Universidad de A Coruña.
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Lillo se jugaba ayer la cabeza en su visita a Riazor, y fue la cabeza de un jugador, Kalu Uche, la que apareció para frenar la guillotina. A los cuatro minutos el nigeriano ya había abierto las venas de un débil Depor que fracasaba hasta a balón parado. En el 18' el técnico respiraba totalmente tranquilo después de que Uche cazase un rebote del larguero tras un despeje de infantil del debutante Rindaroy. Después de cuatro partidos sudando sangre, Lillo disfrutaba del fútbol gracias al acierto de Uche. Curiosamente, un jugador que hasta ayer no había disfrutado de la titularidad. Mucho mal rollo no debe haber, porque nada más marcar el primer tanto, el nigeriano corrió hasta el banquillo para celebrar el gol con su entrenador.

El mazazo para el Depor, que vuelve a pasearse por el descenso tres años después, fue brutal. Lotina, cuestionado por sus rotaciones, dio entrada a Valerón en el 33' en busca de un nuevo sistema y la magia del canario. Las bandas eran un pasillo de sufrimiento para los coruñeses, porque por ellas sólo disfrutaban Crusat y Piatti. Así, la decisión fue sacar a Desmarets y pasar a jugar con 4-3-3, pero el movimiento tuvo poco efecto. Sólo nueve minutos después de la entrada del Flaco, Colotto vio la roja. La expulsión se puede discutir, pero sus efectos no: prácticamente se acabó el partido.

El via crucis blanquiazul parecía no tener fin y Lopo, con molestias, dejaba en el descanso su puesto a Zé Castro, que junto a Manuel Pablo y Rindaroy formaron una kamikaze defensa de tres. El Almería, con Ortiz, Piatti y Crusat gozando ante tanto espacio libre, no hizo más sangre porque, sencillamente, no fue necesario.

Impotencia.

Leer el partido desde el temprano gol, puede valer; hacerlo desde la expulsión de Colotto, también; pero la realidad es que el Almería llegaba a A Coruña con un Lillo casi sentenciado, pleno de nervios y dudas, y fue infinitamente superior al Depor en lo individual y colectivo. Pensar que los coruñeses se pierden en el esquema táctico de Lotina no tiene sentido, porque llevan casi dos años jugando así. La explicación hay que buscarla en la calidad individual y las ganas. Rubén Pérez, un chavalito que lleva dos telediarios en Primera, estuvo diez peldaños por encima del resto. La defensa blanquiazul fue un coladero; la creatividad casi nula; y Adrián, que prácticamente ha creado media oportunidad de gol en cinco partidos, volvió a dejar patente que el ahorro de Lendoiro en no fichar a un delantero puede salir muy caro.

El Almería, por contra, sale reforzado, pero le servirá de poco si no lo ratifica este domingo ante el Málaga. Pero pase lo que pase, Lillo respirará tranquilo esta semana tras cederle en Riazor el testigo de la ansiedad a Lotina.

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