La gota malaya toma Bilbao

Liga BBVA | Athletic 1 - Barcelona 3

La gota malaya toma Bilbao

La gota malaya toma Bilbao

Los de Pep mandaron desde el primer momento. Marcaron tres centrocampistas. El Athletic no se rindió jamás. Rigurosa expulsión de Amorebieta

El Barça conquistó San Mamés con penas y sudores. Superó la prueba de La Catedral a base de una ecuación perfecta: Apretar los dientes, saber sufrir y jugar un fútbol de cine ante un rival más que destacable que dio la cara hasta en inferioridad.

Llovía a cántaros en San Mamés, pero la verdadera gota malaya que conquistó Bilbao fue el Barça de Guardiola. Los catalanes salieron a jugar bajo el diluvio con la portería de Gorka metida entre ceja y ceja. Y no desistieron en su intento de perforarla en ningún momento. Daba igual que el campo se pusiera pesado a causa de la lluvia; que Iraizoz tuviera un día estupendo; que el Athletic se quedara con diez por culpa de una severa tarjeta de Mateu Lahoz a Amorebieta; que San Mamés rugiera como de costumbre o que Javi Martínez tuviera el coraje de enviar un balón al palo al inicio de la segunda parte. El Barça, un rodillo movido por el pesao de Alves, la pausa de Xavi y los desmarques de Villa iba a lo suyo. A meterla. Ajeno a todo lo que pasaba a su alrededor. Como una gota malaya que golpea una y otra vez a su objetivo hasta que consigue perforarlo. La constancia tuvo su premio.

De salida, el Barça dejó muy claro que el partido iba a jugarse a su ritmo. El Athletic corría detrás de la pelota mientras que Xavi e Iniesta dibujaban pasillos interiores, pases imposibles, que no acababan en gol porque Gorka estaba espléndido ante Keita o porque la cepa del palo se interponía entre el gol y Villa. El partido tenía un solo dueño. Pero San Mamés es mucho campo para confiarse.

Expulsión.

A falta de diez minutos para el final de la segunda parte, a Amorebieta se le peló el cable y fue con fuerza excesiva a buscar un balón dividido que Iniesta tenía controlado. La entrada fue aparatosa, pero no llevaba malicia. De ser la primera jornada de Liga y no haberse producido el entradón de Ujfalusi a Messi, probablemente, hubiera sido castigado con amarilla. Pero las cosas están como están por culpa del checo del Atlético y también de Gurpegi, que hace quince días vacunó al Kun. La cosa acabó en roja

Ni por esas, en inferioridad, se rindió el Athletic, que en su casa se comporta siempre como un titán. Salieron los leones en la segunda parte como si fueran de donde son (de Bilbao, vamos) y la primera ocasión de la reanudación fue suya con un disparo al palo. Pero el martillo pilón del Barça seguía en activo y aferrados al estajanovismo de Daniel Alves, los de Guardiola asediaron a Iraizoz.

Keita, tras una jugada monumental en la que David Villa se reveló como un asistente de primera abrió la lata. Sólo entonces la fiabilidad de Iraizoz evitó el desastre. Xavi marcó el segundo con ayuda de un defensa vasco desde fuera del área en un acto que parecía archivar el partido, pero San Mamés es tan insistente como Alves. Por lo menos.

En medio de la tensión de los minutos finales, Villa perdió los nervios ante Gurpegi y el Athletic acortó distancias en el último minuto. Aún así, la gota malaya no se descompuso y Busquets selló definitivamente el partido. Era el tercer centrocampista que marcaba ayer para el Barça.

excomulgado en la catedral

Iniesta siempre ha sido un jugador respetado en todos los campos. Su gol en la final del Mundial no hizo más que afianzar el cariño que toda la afición española sentía por él y era habitual verle salir ovacionado de cada campo que pisaba. Era el jugador global... hasta que pisó San Mamés y se vio envuelto en la roja a Amorebieta. Abandonó La Catedral abucheado.