Campeones del Mundo | Andres Iniesta

El sueño del niño que brilló en el Torneo de Brunete

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El tándem cuajado con Xavi, hecho de filigrana y cuero, puso la Eurocopa del 2008 en manos de España. Un elegante disparo a la escuadra de Cech dio al Barça su segunda Champions. Y un derroche de calidad técnica y definición precisa -sencilla frialdad de genio cuando todos nos comíamos las uñas hasta los codos- puso a La Roja en el Olimpo del fútbol. Tres chispas, tres destellos, que culminan una trayectoria que, como dice el abuelo Andrés, "aún nos dará alegrías mayores". Que así sea. Porque el de Iniesta no es sólo el éxito de un gran profesional; es también el triunfo de la generosa sencillez. El estilo de aquel alevín que fascinó con el Albacete en el Torneo de Brunete porque con sólo 12 años lo tenía todo muy claro ("tengo que estar en todo para crear oportunidades y marcar goles"); aquel jugadorazo que el Barcelona, listo, listo, se llevó a La Masía remodelando su sueño infantil ("yo era del Madrid desde siempre, pero como ahora estoy aquí, soy del Barça"). Aquel niño, hoy campeón del mundo, es el modelo para todos los niños de España.

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