Iker Casillas-Sara: beso de película en directo
Hay besos de película, besos de amor, besos de euforia, besos futboleros y besos con mayúsculas. Desde Bogart a DiCaprio, desde la Bergman a la Kerr, desde Maradona a Madonna. Todos han besado con pasión. Con la misma con la que Iker besó a Sara.

Qué quieres que te diga?". Las palabras a veces no son suficientes, y pasó lo que tenía que pasar. Más aún: sucedió lo que todos estábamos deseando que sucediese. En estado de shock, entre eufórico y emocionado, liberado tras tantos días de tensión y algún que otro disgusto mediático, Iker Casillas, campeón del mundo de fútbol, se enfrentó a las preguntas de Sara Carbonero, su novia desde hace unos meses, con una sonrisa pícara. Tras intentar articular algunas respuestas entre balbuceos a unas preguntas no menos emocionadas (aunque ella sabe controlar mejor sus emociones ante la cámara, es su obligación profesional) el capitán de la Selección se vio incapaz de explicar lo que sentía y protagonizó otro momentazo para la historia, un icono que quedará en nuestras retinas tanto como su despeje con el pie en el mano a mano con Arjen Robben. Su beso a la joven que le siguió durante el torneo desde detrás de la portería, casi como en el cuadro de Aurelio Arteta 'Idilio en los campos de Sport' (aparece Rafael Moreno, Pichichi, apoyado al pretil del campo, flirteando -sin beso, eran otros tiempos- con una moza) tuvo el elemento justo de sorpresa, la duración adecuada y la respuesta perfecta de la chica. Fue un momento de inspiración, un chispazo que se ha convertido en un monumento y ha pasado a engrosar la lista de los besos más míticos de la historia.
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De todos los besos, quizá el más recurrente (y el más peligroso) es el de Judas, la traición representada hasta la saciedad en la historia del arte, pero hay otros muchos más recomendables. El beso de Iker y Sara no ha sido tan polémico como el que prepararon (fue un montaje en toda regla) Britney Spears y Madonna en los premios MTV de 2003, pero sí ha acallado un runrún que no cesó durante el Mundial. Con su gesto, Casillas rompió el tabú de raíz y envolvió su relación en una especie de aura que recuerda a esos dorados mágicos más simbólicos que reales del pintor Gustav Klimt en su cuadro más famoso: El beso. Más allá de las Bellas Artes clásicas, la fotografía nos deja dos iconos imponentes del valor de un beso. La estampa parisina del fotógrafo Robert Doisneau en El beso del Hôtel de Ville tiene algo del glamour que destilaron el domingo Carbonero y Casillas, pero es el éxtasis tras el triunfo en la II Guerra Mundial que destila la estampa del beso de la foto de Alfred Eisenstaedt en Times Square (una escultura en la bahía de San Diego lo reproduce) entre el soldado de marina y la enfermera, el que más se parece al de nuestro campeón y su musa. Como éste, aquel fue fruto de la euforia del momento.
Sólo el cine es capaz de recrear instantes parecidos al que vivimos después de la final contra Holanda. Por eso todos recordamos a Rick e Ilsa, a Humphery Bogart e Ingrid Bergman besándose (se sabe que él llevaba alzas porque ella era una sueca de talla XL y Bogart era bajito) en honor de su amor imposible en Casablanca; o a Burt Lancaster y Deborah Kerr dejándose mojar por el oleaje en De aquí a la eternidad, otro de los títulos que tan bien le irían a la gesta de nuestra selección. Más reciente es el beso trágico de Leonardo DiCaprio y Kate Winslet a bordo de un Titanic que acabó por irse a pique. Eso sí, sólo un beso mítico ha sido tan futbolero como el de Iker y Sara: Caniggia y Maradona lo dan todo tras un gol de Boca Juniors, pero quedan segundos en el campeonato del mundo del amor.



