Inglaterra reparte culpas entre Capello y el árbitro
Califica al técnico de obsoleto y ve en la FIFA una actitud neardenthal

La Prensa y los jugadores ingleses podrían haberse escondido tras el error arbitral que no dio por bueno el gol de Lampard, pero ayer se repartieron culpas. Capello no ha mejorado a los pross, aunque las estadísticas indican que su porcentaje de victorias es superior al de cualquier otro seleccionador. "Es un entrenador obsoleto, que cuando se sintió presionado se equivocó en todo ha paralizado a su equipo, no lo ha motivado. Deber ser el primero en desaparecer", dice Martin Lipton en el Mirror. El Sun se apunta al descabezamiento: "Toca irse, Fabio", titula. "Y llévate a estos perdedores contigo".
Kevin McCarra en el más sesudo Guardian también critica al italiano al que debería enviársele (a él y a sus tácticas) "al museo de la historia del fútbol". El problema es que nadie sabe quién debería sustituirle. "¿De verdad Roy Hodgson es la solución?", se pregunta Matt Lawton en el Mail. "La Federación debe pagar quince millones de euros si echa a Capello. En lugar de gastar ese dinero, debería empezar con él el proceso de recuperación". Henry Winter (Telegraph) cree que tendría que haber escuchado más a la Federación y utilizado mejor los recursos que se puso en sus manos.
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El resto de la Prensa habla del final de la generación dorada y buscan razones más profundas para el fracaso. "Al igual que Eriksson, Capello se volvió más inglés que Sam Allardyce. Les pasa a todos, especialmente a los extranjeros: la cerveza, las llamadas a la pasión...", escribe Matt Dickinson en el Times. Joe Cole contó al AS, con los ojos húmedos, que "no somos capaces de competir al más alto nivel. Nos supera cualquiera. No somos técnicamente tan hábiles como el resto. Tenemos que hacer algo".
Nadie se olvida del error arbitral y se exige la introducción de la tecnología. "En la mayor competición del mundo del fútbol, la FIFA dice a un puñado de hombres que sus vidas serán definidas por lo que ocurra en unos cuantos partidos, pero les niega la maquinaria que conseguiría hacer justa esa definición. Es una actitud neardenthal", escribe Oliver Kay en el Times.



