Con Dunga Brasil pierde la sonrisa
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Escuché a Dunga llamar "burro" a un periodista en plena conferencia de prensa internacional, micrófono por delante, y no daba crédito. El seleccionador de Brasil no estuvo a la altura de su cargo. Creo que desde hace tiempo no lo está, por otra parte, y no hay más que ver jugar a la canarinha para ponerse sobre la pista. Por fortuna para el técnico, tiene jugadores en su equipo que llevan en el tuétano el gusto por el buen fútbol y que se niegan en rotundo a aceptar el corsé táctico que les propone en la pizarra. O quizás de eso abuse, de la capacidad de sus mejores solistas para salirse de la aburrida partitura que es Brasil y aparecer en los momentos críticos de los partidos. Dunga no está haciendo nada por preservar la esencia del jogo bonito, quizás porque él nunca formó parte de los futbolistas brasileños que todos llevamos en la memoria.
Es una lástima que Brasil no acapare las portadas de los periódicos como siempre lo hicieron en la historia de los mundiales. Su fútbol no provoca asombro, no aporta nada que no veamos en otras selecciones. Dunga confía en Lucio, Juan, Gilberto Silva, Felipe Melo, Ramires y otros jugadores tan útiles como escasos de fantasía. Con ellos ha ganado una Copa América, una Copa Confederaciones y dos partidos del Mundial. Escudado en estos triunfos llama "burro" a un periodista en público y deja en muy mal lugar a una selección de Brasil que de toda la vida nos enamoró por su distinción con el balón, alejada de conflictos, cargada de alegría, de samba y de buenas noticias. Ya no vemos en su bandera la sonrisa de Ronaldo, Roberto Carlos o Ronaldino. Ahora Dunga despacha el mal humor con la Prensa y convierte a la canarinha en una más.



