Tiqui-taca sobre el volcán

Mundial 2010 - Grupo H | España - Honduras

Tiqui-taca sobre el volcán

Tiqui-taca sobre el volcán

juan flor

España, a ganar y golear. Torres y Cesc, alternativas a Iniesta.

A cinco partidos de la final de la Copa del Mundo , España inicia hoy, frente a Honduras , una aventura que ya no admite errores. La exigencia no parece tanta si se advierte que el recorrido es poco en comparación con la eternidad del premio, seis kilos de oro con incrustaciones de malaquita, el trofeo que distingue a los campeones planetarios. Allá vamos, sin comodines. Y entre los cálculos que todavía se nos permiten está el que sugiere la utilidad de marcar docenas de goles, pues son los goles el primer criterio para resolver la igualdad de puntos .

Porque ya no caben prudencias y especulaciones, si es que las hubo. España se mide a la 38º selección del mundo, derrotada por Chile en el estreno y sin una sola victoria en los amistosos preparatorios: Rumanía (0-3) , Azerbayán (0-0) , Bielorrusia (2-2) , Venezuela (0-1) . Conviene no perder de vista el dato ahora que toda España medita el once ideal: cualquiera debería servir esta noche.

Habrá novedades, no obstante. Fijado el objetivo de la goleada, Del Bosque podría reservar a Iniesta, aún renqueante, y dar entrada a Fernando Torres. Otros cambios son posibles, pero inciertos. En líneas generales, las peticiones del público se reparten así: la prensa reclama a Cesc (por Xabi o Busquets) y el pueblo pide a Navas.

Crítica.

Honduras, por su parte, sigue alimentando sus sueños con el empate contra España en el Mundial 82 (1-1). Sin embargo, ni la conjura popular libra al seleccionador colombiano Reinaldo Rueda de las críticas por el partido ante Chile: un solo disparo a puerta en 90 minutos y de tiro libre.

Y un apunte histórico. Si los méritos de Suiza fueron tácticos (al margen de la suerte infinita), la fuerza de Honduras es que no juega un equipo, sino un país entero. Esa identificación de la Bicolor con la patria llegó al delirio cuando en 1969 la eliminatoria contra El Salvador, en pugna por una plaza para México 70, derivó en un conflicto armado conocido como la Guerra del Fútbol. Lo que acabó en tragedia (6.000 muertos y 20.000 heridos) tuvo un origen casi inocente: en Tegucigalpa, la afición local se reunió frente al hotel salvadoreño para impedir que sus rivales conciliaran el sueño. Al día siguiente, mientras el hondureño Cardona marcaba el gol del triunfo, una joven salvadoreña, Amelia Bolaños, se suicidaba frente al televisor. Su muerte, convertida en martirio, fue el detonante de un odio latente que se desbordó en la vuelta. En un ambiente de preguerra, El Salvador ganó 3-0. Dos hinchas hondureños murieron y el cierre de fronteras dio paso a los bombardeos. Así durante cuatro días.

Pero esa es otra historia. En la que nos ocupa sólo hay sitio para fútbol y goles que deben correr de nuestra cuenta. Y no es revancha por el Mundial 82. Es una venganza por la derrota ante Suiza y por la mala fortuna de otros Mundiales, tantos.