Liga Adelante | Hércules 2 - Rayo 1

El ascenso está en Irún

Portillo fue el héroe tras marcar el gol del triunfo en el 88'. El ariete también firmó el primero. El Hércules debe igualar el resultado del Betis para subir

<b>EL SALVADOR.</b> Javier Portillo celebra el segundo gol tras batir a Dani en el área pequeña. El ariete madrileño desató la locura en el Rico Pérez.
Julián Burgos
Llegó a la redacción de AS en Valencia en 2013. Antes fue delegado en AS en Alicante desde 2005. Sigue el día a día del Valencia y escribe las crónicas del Villarreal y Valencia Basket. Ha sido cronista de cuatro equipos valencianos en Primera. Ha cubierto Champions, Europa League, Supercopa de Europa, Euroliga, Eurobasket, Copa Davis…
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Estaba escrito que este Hércules no podía subir sin sufrimiento extremo. Pero lo de ayer fue demasiado. El partido acariciaba el minuto 90 y el Rayo estaba arrancando de cuajo las esperanzas de ascenso herculanas ante 27.000 gargantas blancas y azules. Nadie hubiera pensado llegar así al final tras un inicio arrollador. En esas, Juanra centró al corazón del área, Delibasic, desmarcado, prolongó con la cabeza hacia Portillo. Ahí se paró el tiempo. No podía fallar, solo ante Dani. Y no falló. Con la zurda remachó a un portero que se estaba ganado a pulso entrar en la historia negra del Hércules. El Rico Pérez entró en estado de convulsión. Más de uno ya estaba entonando el "otro año igual" cuando Portillo abrió las puertas del cielo de par en par. Invasión de campo y miles de personas esperando a los jugadores, esta vez para vitorearles, en la puerta 0.

Se llegó al clímax, más por la forma en la que se cocinó la victoria que por cómo queda el ascenso en sí. Porque a pesar del júbilo, la alegría desmedida y el ambiente de fiesta triunfal, al Hércules todavía le faltan tres puntos para asegurar el ascenso a Primera. Tres puntos que están en Irún, en el Stadium Gal. Si el Hércules tumba al Real Unión, haga lo que haga el Betis, habrá baño en Luceros. Así de sencillo, así de complicado. Las matemáticas dicen que igualando el resultado que hagan los verdiblancos ante el Levante, el ascenso está en el bolsillo, por lo que incluso perdiendo se podría ascender. La razón dicta que el Betis no va a fallar por lo que habrá que ganar en Irún a un Real Unión que está virtualmente descendido. Sólo una megacarambola le salvaría.

Fue el partido más complicado de ganar para el Hércules de toda la temporada. Pero había que ganar y se ganó. Hubo que recurrir a la épica, a la hombría, a la testiculina y a todos los calificativos que se quieran añadir. Se intentó por lo civil, en los primeros 20 minutos. Pero se ganó por lo criminal, faltando dos para el final y apelando a la heroica.

El éxtasis llegó al final y dio más gusto pero todo podría haber sido más sencillo si hubiera entrado al menos una de las cuatro oportunidades claras que tuvo el Hércules en el tramo inicial del envite. En el 2', Danciulescu remató fuera, con Dani ya batido, un jugadón de Portillo que acabó en un pase de la muerte. En el 10', otra vez Portillo asistió al rumano. Pero su remate en plancha salió el silbando el poste. El Hércules atacaba por oleadas y la defensa del Rayo, muy adelantada, era una calamidad. Portillo encontró el filón y decidió ganarle la espalda a la zaga repetidamente. Así se plantó dos veces solo ante Dani. Pero en ambas el portero desvió lo suficiente para que el balón no entrara por milímetros.

Cuesta arriba. Con las paradas de Dani, el Rayo fue levantando el ánimo e intentando estirarse. Así, Piti se plantó ante Calatayud pero la mandó fuera. Fue sólo un susto que adelantó el posterior mazazo. El árbitro miraba el reloj para señalar el final del primer acto cuando Coke, otra vez Coke, lanzó un zapatazo que Calatayud no acertó a despejar.

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La zozobra coincidió con el descanso pero aún quedaban 45 largos minutos para la remontada. Había esperanza. Más aún cuando Portillo, nada más comenzar el segundo acto, marcó, de cabeza, por la escuadra, tras un gran centro de Sendoa. El Rico Pérez estaba loco pero el equipo pareció contagiarse de la euforia y en su afán de intentar reconducir la situación cuanto antes, comenzó a descomponerse a la vez de que a Farinós se le acababa la gasolina. Un fallo de Danciu tras otro jugadón de Portillo daba a pie al comienzo del desquiciamiento. Esteban metió a Delibasic y Kiko y dejó sólo tres defensas atrás. No había orden ni dibujo pero era lo que tocaba. De nada valía el empate esta vez.

Y la fortuna se alió esta vez con quien más lo merecía. Portillo, partidazo el suyo, pasó de villano a héroe. Su amigo Míchel habría gritado "Me lo merezco", él lo celebro a lo suyo. Como un crack. La gloria espera en Irún.

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