Colunga se lleva oro de Riazor
Su gol mantiene al Zaragoza a dos del descenso. Añón casi iguala con un cabezazo al larguero. El Depor, diez partidos sin ganar. Lafita, muy pitado


Adrián Colunga mantiene el colchón de dos puntos que separa al Zaragoza del abismo. El oro que se llevaron los de Gay de Riazor quizás fue excesivo, pero el asturiano fue el único que acertó con la portería en un partido plano, de sangre de horchata. Pudo ser Riki, pero se topó con Roberto; pudo ser Añón, pero se encontró con el larguero. La definición, ésa de la que estaba huérfano el Zaragoza en sus cuatro últimos desplazamientos, fue esta vez la que condenó a un Deportivo que está inmerso en un agujero negro que parece no tener fin: diez partidos sin ganar y cuatro sin marcar. Lotina y los suyos niegan una y otra vez que estén de vacaciones, pero la estadística les regala avión, hotel y playa.
A pesar de la victoria, el Zaragoza aún tendrá que sudar tinta para salvarse; sobre todo si mantiene una actitud tan tibia como la que exhibió en Riazor. El primer tiempo fue un desierto de fútbol, en el que sólo una aparición por banda de Iván Pérez dio vida al partido. Un par de regates, un centro raso al primer palo y una espuela de Juan Rodríguez pegada al palo. Como el fútbol aparecía con cuentagota (singular), Riazor se centró en Lafita, centro de las iras de una afición que le juzgó, le condenó y le pitó hasta que se marchó del partido renqueante.
Así, no fue de extrañar que los únicos aplausos se oyesen en el descanso, cuando Filipe volvió a pisar el césped para tirar un penalti en un acto solidario. En días como los de ayer se echan de menos a los que no están, y el recuerdo del brasileño, lo mismo que Suazo en el Zaragoza, hizo imaginar a la grada el partido que pudo ser.
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Con tan poco, el duelo entre Riki y Jarosik parecía digno de otro partido. El delantero y el checo se partieron la cara en un mano a mano tenso y noble. El central se llevó la partida porque Riki, a pesar de su trabajo, se fue de vacío. Y eso que Pablo Amo, desafortunado en su regreso a Riazor, se empeñó en ello. Un regalo suyo acabó con un disparo fuera de Riki y luego fue Roberto el que le sacó un buen remate. Empeño, pero el gol es algo más.
Con el partido en sus manos tras el gol de Colunga, el Zaragoza caminó por el alambre y estuvo a punto de caerse. Añón, tras un centro del bullicioso Adrián, remató de cabeza, pero el larguero evitó el empate. Un Depor plagado de canteranos y que ya no se juega nada, puso con muy poquito contra las cuerdas a un equipo que se juega la vida. Cuidado.



