El Tenerife ya ve el paraíso
Doblega a un Racing que ofreció mala cara. Los blanquiazules, lanzados en su camino a la salvación. Román fue el mejor. Fallaron los dos porteros

El Tenerife ha llegado al momento definitivo de la competición con sus constantes vitales intactas, muchas opciones de permanencia y un fútbol lo suficientemente vigoroso para inquietar a cualquiera. Más todavía a un Racing sin rumbo, ayer perdido sobre el césped del Heliodoro y metido en el fango hasta las piernas tras desaprovechar un sinfín de oportunidades (una por semana)para dar carpetazo a un asunto que quema: el descenso. Los nervios fueron precisamente un elemento activo ayer en la contienda que firmaron dos equipos con trayectorias antagónicas y momentos diferentes, mucho mejor el de los blanquiazules, que fueron los que se llevaron los puntos.
El choque nació con nervios. No fue de nadie un primer acto que se desenvolvió entre las imprecisiones y los temores, crecientes ante los ensayos de unos y otros ante Coltorti y Aragoneses, ayer sin suerte los dos. El partido fue un no parar. Así, muy pronto se produjo un primer error de Héctor -luego incomensurable en el resto del partido- que facultó a los visitantes para contar con su primera oportunidad en una falta que tiró Canales y paró el portero. Sólo unos segundos más tarde hubo otro intento, también del futuro madridista, y en esta ocasión el balón se marchó fuera. No obstante, fue el Tenerife el que más lo intentó: en una jugada de estrategia bien ejecutada por Ayoze que dejó a Nino a un paso del gol; en una falta directa que Juanlu llevó a la madera; y en otra acción de peligro donde se pidió penalti pero no se pitó. Las oportunidades claras eran más del conjunto insular que de un Racing que sólo abrió un paréntesis entre tanto asedio a Coltorti para probar fortuna en una jugada de Toni Moral. Pero el gol no llegaba y los nervios, normal, crecían.
Fue entonces cuando se rompió el marcador. Resultó el 1-0 la culminación a los minutos de mayor insistencia del Tenerife, que probó fortuna y la encontró. El susto, sin embargo, fue antes para un Sicilia que tuvo que salvar bajo palos (44') justo en el lance previo al cabezazo que cambiaría el partido. Saca una falta Ricardo, deja el balón para un excelso Bertrán y su medido servicio llega al centro del área, donde emerge Román. Estuvo sensacional el argentino, el mejor de los blanquiazules y posiblemente el más importante catalizador de la reacción final del Tenerife. Siempre presente en cada una de las últimas victorias vitales de los isleños, otra vez ante el Racing apareció para marcar. Es un talismán. Y algo más.
El tanto local cambió el panorama. Urgió a los forasteros a reaccionar y dejó expedito el camino de la victoria -e incluso la opción de ganar el average particular- al conjunto de un Oltra que incidió en el intermedio en su vocación de ampliar rentas y buscar el 2-0. Y no tardó. Consecuencia de un dominio apabullante del Tenerife, lo propició un error capital de Coltorti y un penalti que no tiró ni Alfaro, ni Nino, sino Ayoze. Está siendo el portuense otro de los sostenes en esta remontada épica que tiene por destino la permanencia y ayer, en los once metros, no se lo pensó. Mandó el tinerfeño la pelota a la red y la fiesta pareció completa en un Heliodoro que se veía fuera del infierno 100 días después. No obstante, no había dicho el Racing su última palabra y tampoco los actores de otros campos.
Las malas noticias llegaron casi todas juntas para los locales. A pesar de haber renunciado Portugal a sus hombres teóricamente más incisivos (Canales y Tchité), hubo preocupación y decepción en la grada cuando se supo que el empate del Málaga ya no valía al Tenerife para escapar y también cuando una equivocación grande de Aragoneses brindó el 2-1 a Xisco. Había partido, y así lo interpretaron los de Santander con más corazón que cabeza. El choque se volvió trepidante, convertido en una catarata de noticias. En el área racinguista, porque un disparo a la cruceta pudo suponer el tercero; y en la del Tenerife, porque cualquier aproximación visitante fue entendida como el riesgo a perder todo lo que habían trabajado y merecido. Al final, ganaron. Hay vida para ellos y penas para los de Portugal. La película no ha acabado.
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Sucedió antes de que comenzara el encuentro. Los jugadores del Racing, en el ritual de comprobar el césped en los prolegómenos, dialogaban tranquilos hasta que una joven aficionada irrumpió. Directa a Canales, logró su objetivo de fotografiarse con el crack cántabro. La instantánea la tomó un compañero de Canales. La seguridad llegó tarde.



