El Valencia busca la paz en las Hoces del Cabriel
Tras muchas semanas cargadas de partidos, el técnico che decidió que ayer era el momento para aparcar el fútbol y divertirse. Los futbolistas se olvidaron de balones y botas y cogieron cascos, chalecos salvavidas y remos para disfrutar al aire libre en las Hoces del Cabriel.

Con la Champions casi asegurada y la tercera plaza muy cerca, el Valencia se relajó por unas horas ayer y disfrutó de una jornada lúdica en el paraje natural de las Hoces del Cabriel. Allí, jugadores y técnicos se olvidaron de los conos, las porterías y los balones y dejaron paso a los cascos, las canoas, las cuerdas y los chalecos salvavidas. El césped fue sustituido por las aguas bravas y la pizarra, por las pequeñas cataratas. De todo menos fútbol en un día en el que los ches estuvieron más rato de lo normal fuera de casa, más de siete horas contando los 200 kilómetros de ida y vuelta, pero en el que nadie se quejó porque reinó el buen ambiente lógico en un grupo que ve cerca el final de la temporada en la que casi han cumplido el objetivo.
Al llegar a la Ciudad Deportiva, el autocar llevó a todos los valencianistas a la localidad de Villagordo del Cabriel, donde en el complejo 'Ven y volverás' les aguardaban actividades diversas. Primero se divirtieron en las exigentes torres de tirolinas, en las que les tocó mantener el equilibrio sobre las cuerdas. Después, todos al agua, bien equipados, para lanzarse por los rápidos en canoas. El rafting fue lo que más entretuvo a los ches, que comieron en estas instalaciones.
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Repite.
Aunque en el mundo del fútbol no es lo más habitual, Emery suele premiar a sus hombres con este tipo de jornadas pues considera que ayuda a llevar el trabajo diario y que es positiva la convivencia y el desenchufarse durante unas horas de la tensión competitiva. El pasado verano, la plantilla ya tuvo una sesión de Paintball y, antes, canoas.



