Regalaron un empate infumable
El Athletic rivalizó con Osasuna en fútbol medroso, feo, triste. Ricardo frustró las dos únicas ocasiones.

El paso de las jornadas establecerá el valor que para cada cual posee el punto sumado anoche por Osasuna y Athletic. De momento cabe apuntar que, desde luego, el anfitrión pareció darse por satisfecho y en el Athletic no se apreció un afán exagerado por buscar mayor premio. Eso sí, el camino escogido por ambos para alcanzar el empate constituyó un atentado al buen gusto, una agresión en toda regla al aficionado. De esto sí que no cabe dudar, existe a los ojos de todo el que se tragase los 90 minutos la certeza de que menos y peor es casi imposible jugar al fútbol.
Reseñar que Ricardo fue el mejor porque frustró dos remates francos, dos acciones aisladas que en absoluto se corresponden con la impotencia colectiva. Y fin de la película. Con bodrios como este, convendría revisar eso de la Liga de las Estrellas.
Cumplida la media hora, Ricardo pretendió sorprender a Iraizoz con un lanzamiento de falta desde su terreno, unos 65 metros. La ocurrencia resultó vana, pero sirvió para romper por un instante la soporífera tónica del derbi. Previamente, nadie se había atrevido a jugar con un mínimo de sentido, a mirar hacia las porterías, ninguno acertó a ligar tres pases seguidos, todo había sido una sucesión insufrible de saltos, cabezazos, patadones, cuando el portero local tuvo la osadía de buscar ese gol inverosímil.
Acaso él fuera el único legitimado para intentarlo pues lo poco destacable había sido una estirada suya, con la que respondió al cabezazo picado que Llorente cazó minutos antes a la salida de un córner pasado de Yeste.
Osasuna y Athletic se emperraron anoche en mostrar lo peor de sí mismos. En muchos partidos de categoría regional es posible ver más cosas, en ninguno actitudes tan reservonas y fundamentos futbolísticos tan elementales, todos enfocados por parte de los dos equipos a alejar la pelota de área propia, lo más lejos posible.
Así que las expectativas de cara al segundo tiempo a la fuerza tenían que ser optimistas: peor juego era impensable, cualquier detalle, por mímino que fuera, mejoraría lo presenciado. Y algunos hubo, muy pocos.
El gasto rebajó la fogosidad y se fueron generando más espacios, el balón anduvo más a ras de césped y el recién ingresado Susaeta, que debía estar sin contaminar, aportó la originalidad de buscar una internada que culminó con un tiro flojo.
Parecido.
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El Athletic fue teniendo más balón, con Iturrraspe y Yeste al mando, mientras enfrente se limitaban a guardar el sitio. No obstante, la nula asunción de riesgos mantuvo el asunto equilibrado. Pandiani y Ruper probaron de lejos, pero Iraizoz y Ricardo continuaron si verse exigidos.
El partido se fue muriendo en medio de la inoperancia general, sin que alguien saliese al rescate. Hubo que esperar al tiempo añadido para asistir a una ocasión manifiesta: Toquero se benefició de un rebote, pisó área sin oposición, pero no supo superar el cuerpo de Ricardo. Otro desenlace en esta acción hubiera sido injusto, más que nada porque nadie se hizo acreedor a la victoria. De modo que reparto y a casa.



