"Con las ideas claras y con la afición, podemos ganar al Madrid"
En su lucha por salvar al Zaragoza, el club de su vida, Gay se cruza con el Madrid, el equipo de su infancia. En AS radiografía el partido del sábado, pero sobre todo conversa. De sus inicios en el Madrid, de su Zaragoza de la Recopa... y del futuro.

Gay dialoga igual que jugaba al fútbol: sosegado, seguro, directo, sin alharacas ni regates, sencillo y al pie, con todo el horizonte en la mirada y con la mirada en todo el horizonte. Es un centrocampista de los de antes hecho entrenador, un niño de familia muy humilde que se ha construido una vida de éxito al abrigo de una pelota. "Yo eché la carta al Madrid. Entonces había unas instancias para pedir probar en el Madrid. El señor me respondió: 'Ya te llamaremos'. Cuando caminaba por La Castellana pensé: '¡Coño, pero si yo no tengo teléfono!'. Y volví...". Aquel día, un niño llamado José Aurelio Gay (Madrid, 10/12/1965) escribió la primera página de su biografía como futbolista.
Ahora, en La Mano De Pablo, a apenas 100 metros de La Romareda, ese niño es el entrenador del Real Zaragoza y conversa distendidamente con AS. La visita del Real Madrid le obliga a recordar, con una sonrisa por supuesto, aquellos inicios... "A los meses fui a hacer una prueba, éramos 60 chavales de 12 años. Organizaron un partidillo de 22, no me tocó. Luego entraron otros 22, tampoco jugué. Así que le dije al señor que organizaba: 'Oiga, ¿yo no entro?'. Me contestó: 'Ah, ¿no has jugado aún? Ahora entras'. Me preguntó de qué jugaba y le dije que de centrocampista, pero me puso de lateral izquierdo porque sólo faltaba ese puesto. Todos habían ido con padres, yo solo. Me di cuenta de que tenía que espabilar sí o sí".
"Me metieron 15-20 minutos, hubo una falta y llegó un rubito para tirarla... Le dije: 'Dame la pelota o te rompo la cabeza'. Ahora me río, pero era mi oportunidad. La tiré al larguero. Luego me tomaron los datos y me llamaron. Entré en el equipo del torneo social, el de los reservas, digamos. En pretemporada hubo más pruebas otra vez con 60 chavales y no me cogieron. Estuve tres días sin decírselo a mi padre, pensaba que me mataba... Aquella era otra época, aunque él es del Atleti a muerte".
Castilla.
Pero aquel niño hijo de un peón de albañil y de una fregadora de suelos no pensaba rendirse, el fútbol era su futuro. "A los meses me volvieron a llamar para el infantil y decidí entrenarme por mi cuenta para estar más en forma y que ya no me echaran nunca. O me enganchaba al fútbol o... Recuerdo que había uno que le pegaba con las dos piernas desde todas partes, un espectáculo. De inmediato le preguntaron el nombre y respondió Rafael. Y los apellidos, Martín Vázquez. Después, llegó Pardeza con 15 años y enseguida Toni Grande lo subió al División de Honor Juvenil, parecía Messi ahora, se regateaba a siete como quería".
Entonces, todo era diferente. "Con 19 años, en mi segundo año en el Castilla, me compré coche, uno de segunda mano. Cuando se enteró, Malbo, el jefe del fútbol base, me llamó al despacho y me preguntó qué necesidad tenía yo de comprarme coche. Le dije que ninguna porque vivía cerca de la ciudad deportiva... Yo cobraba 500.000 pesetas al año, me puso una multa de 250.000. Yo eché pestes, pero con el tiempo lo entiendes y te das cuenta de que es positivo. Ahora eso es impensable. Los padres y los representantes hacen mucho daño al fútbol".
Poco después, del Castilla pasó al Espanyol. Y en 1991 se mudó para forjar los mejores años de su carrera como futbolista con el Zaragoza, al que ahora prepara para recibir al Madrid. "Está demostrando una capacidad ofensiva enorme. El Barcelona es estratosférico, pero el Madrid está a un solo punto, eso lo dice todo. El estilo es diferente, pero el peligro es enorme igualmente. Lo esencial es controlar sus latigazos, no darles la posibilidad de salir con espacios. No podemos perder las vigilancias ni cuando ataquemos, sus contras son letales".
El partido.
El sábado habrá una carrera desigual en la sala de urgencias. Para alcanzar la playa de la permanencia el Zaragoza necesita, según la mayoría de las teorías, ganar un par de partidos. El título exigirá al Madrid, seguramente, ganarlos todos. "Esa necesidad de ganar cada semana es un arma de doble filo. Jugársela a todo o nada cada día puede generar nerviosismo. Si no marcan en la primera parte, el partido se les puede complicar".
¿Y los nombres propios? "Higuaín y Cristiano son los que marcan y están en boca de todos, pero Xabi Alonso también exige especial atención. Parar a los puntas será clave, pero tienen mucha movilidad. Ante el Valencia partieron de extremos y Van der Vaart entró al espacio libre... Luego está Guti. Yo prefiero que no juegue, hace brillar las carencias del rival. Quizá muchos entrenadores no querrán tenerlo en su equipo, pero todos le prestarán una atención especial si juega enfrente. No puedes llenar un equipo con diez gutis, pero uno es necesario".
Gay se ha revelado como un técnico metódico y estudioso, pero también dinámico. "Es posible que hagamos algo diferente ante el Madrid y demos un paso adelante. Lo ideal sería quitarle la pelota, ¿pero estamos capacitados? Quizá sea mejor defender bien, hacer ayudas, meter intensidad... y esperar el momento adecuado para aprovechar sus espacios. Con las ideas claras y con la afición, podemos ganar".
Esa partitura que descifra Gay difiere del fútbol que él realmente disfruta. El que jugó en el Zaragoza y el que quiere hacer jugar al Zaragoza en un futuro cercano. Su renovación está en el horno, le falta el gratinado de dos victorias. "Tenemos una buena base para construir un buen equipo la próxima temporada, hay siete-ocho jugadores que rodeados con tres-cuatro de mejor nivel nos darían un nivel bastante alto para luchar por mucho más que la permanencia".
La Recopa.
Ahora, una vez recuperado de la derrota a pies del Barça, el Madrid derrocha confianza mirando al título de Liga. Esa confianza implica la seguridad de ganar todos los partidos. ¿Alguna vez vivió Gay una situación similar? "Yo sólo he sentido la seguridad de que ganaba un partido antes de jugarlo el año de la Recopa. Recuerdo que íbamos caminando del hotel a La Romareda y sabíamos que ganábamos, seguro. Así era".
Hablar con Gay y no volver la vista a aquel Zaragoza que alcanzó su cenit en la volea eterna de Nayim resulta imposible. "A ese equipo sólo le faltó solidez, si hubiéramos tenido dos jugadores de un perfil más físico podríamos haber luchado por la Liga, como aquel Depor. Jugábamos fenomenal pero a ráfagas... Como había tenido una lesión importante en el tendón de aquiles, tuve que vivir la final en el palco, junto a Cafú, Darío Franco, Lizarralde... Recuerdo que cuando me enteré de que no estaba ni en el banquillo me dio una llorera enorme. Al marcar Nayim, salté el palco y me bajé corriendo al campo... ¡Adiós al protocolo!".
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Aquel equipo alcanzó un éxito inesperado a través de un fútbol más inesperado. "Víctor tenía un punto de inconsciencia que fue maravilloso para nosotros. Cuando jugábamos 4-4-2, recuerdo que decía que estaba deseando poner a tres puntas. Cuando llegó Esnáider lo hizo. Ahí empezó el camino a París... Luego hay una cosa que es fundamental en un equipo y aquel lo tenía: que las mujeres se lleven bien. El año de la Recopa hubo nueve embarazos en cuatro o cinco meses, eso une mucho".
Unión es lo que define a Gay y Nayim. "Yo recomendé el fichaje de Nayim cuando estaba en el Mundial Sub 20 de 1985 en la URSS. Con la calidad que él tenía y tras cinco años en el Tottenham... Vino físicamente con un ritmo tremendo, marcó la diferencia". La historia se repite: juntos en el Zaragoza por iniciativa de Gay. La historia también repite en otros casos el legado físico de la Premier. "Lo de Piqué es así, volvió al Barça con una fortaleza que no tenía, al margen de la edad... Y Lass llegó al Madrid como un avión, luego se ha frenado y adaptado al ritmo de aquí". Y aquí está Gay, entrenando y hablando con el mismo estilo con el que jugaba al fútbol.



