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El jugador de hockey que llegó a Papa del deporte

Adiós a Juan Antonio Samaranch | Una vida dedicada al deporte

El jugador de hockey que llegó a Papa del deporte

El jugador de hockey que llegó a Papa del deporte

Antes de presidir el COI, Samarach lo fue todo: deportista, político...

La vocación por el deporte de Juan Antonio Samaranch Torelló (Barcelona, 1920) queda patente desde sus primeras notas biográficas. Fue en sus tiempos de estudiante en la Escuela de Comercio cuando comenzó a jugar al hockey sobre patines, una invención inglesa con apenas dos décadas de vida.

La Guerra Civil estalló un día después de que cumpliera 18 años y en 1938, en plena batalla del Ebro, fue movilizado por el ejército republicano ("la quinta del biberón") para el cuerpo de sanitarios. Acabada la contienda, regresó a España a través de Francia y recuperó su vinculación con el deporte, esta vez como periodista.

Ya como redactor de La Prensa escribió la crónica del 11-1 que le endosó el Madrid al Barcelona en 1943. Sus duras críticas a la actitud de la ruidosa afición local provocaron que le retiraran el carnet de prensa y no volvió a ejercer hasta los Juegos Olímpicos de Helsinki en 1952.

Apartado del periodismo, Samaranch se entregó a su pasión por el hockey patines (fue seleccionador y presidente federativo), al tiempo que se inició en la administración y política deportiva. Participó en la organización del Mundial de hockey patines de 1951 (oro para España) y en los Juegos Mediterráneos de 1955, ambos celebrados en Barcelona.

A los 35 años se casó con Bibí Salisachs (fallecida en 2000), con la que tuvo una hija, María Teresa, hoy presidenta de la Federación Española de Deportes de Hielo, y un hijo, Juan Antonio, miembro del COI y vicepresidente de la Federación Internacional de Pentatlón Moderno.

Samaranch pasó por la concejalía de deportes del Ayuntamiento de Barcelona y en 1966 fue nombrado Delegado Nacional de Educación Física y Deportes; con él se acuñó el famoso lema "Contamos contigo". Ese mismo año entró en el Comité Olímpico Internacional, donde fue jefe de protocolo, miembro de la comisión ejecutiva y vicepresidente.

Clave.

En 1977 dejó la presidencia de la Diputación de Barcelona al ser nombrado embajador español en la Unión Soviética, el primero desde 1938. Desde Moscú, y haciendo gala de un carácter dialogante y persuasivo, se ganó apoyos decisivos en su carrera olímpica.

En 1980, en la 83ª sesión del COI, Samaranch sucedió a Lord Killanin al ser elegido presidente en primera votación. Tres días después se inauguraron unos Juegos marcados por el boicot de Estados Unidos y algunos de sus aliados occidentales (además de China), en protesta por la invasión soviética de Afganistán.

Después del fiasco económico de Montreal 76, los Juegos añadían a su nula rentabilidad la tensión entre los grandes bloques. Prueba del escaso interés que despertaban es que Los Angeles fue la única candidata para la edición de 1984, boicoteada esta vez por soviéticos y 13 países satélite.

Samaranch obró entonces el milagro. A través de los patrocinios privados y la venta de los derechos televisivos aseguró la rentabilidad de los Juegos. Cumplido ese objetivo, fomentó la participación de los deportistas en los órganos de gobierno, dio paso a las mujeres, fue abriendo la puerta a los profesionales, luchó contra el dopaje y universalizó el movimiento olímpico.

A las 13:30 del 17 de octubre de 1986 hizo realidad un sueño personal y colectivo. Desde el Palais de Beaulieu de Lausana, el presidente del COI anunció que los Juegos de 1992 serían organizados por "la ville de.. ¡Barcelona!". La ciudad, que se había presentado en 1924, 1936 y 1940, se imponía en la tercera ronda a París, Brisbane y Belgrado.

FBI.

En 1988 el COI se vio salpicado por el escándalo al descubrirse que algunos de sus miembros habían recibido sobornos de Salt Lake City, sede de los Juegos de Invierno de 2002. Samaranch, investigado por el FBI, respondió expulsando a seis miembros y modificando en la Carta Olímpica las reglas de elección.

Después de declarar a Barcelona 92 como "los mejores Juegos de la historia" (coletilla que ya repetiría en cada clausura), promovió la Agencia Mundial Antidopaje.

Hasta que llegó el final. Después de 21 años presidiendo el COI (sólo superados por los 29 de Coubertin), Samaranch fue sucedido por Jacques Rogge. Pero ni siquiera paró entonces. Madrid fue su siguiente sueño y en él pervive.