Liga Adelante | Rayo 3 - Las Palmas 2

De Vallecas a la tumba

La derrota ante el Rayo deja a la Unión Deportiva al límite.

<b>SIN SUERTE. </b>Francis Suárez controla el esférico acosado por dos defensas del Rayo Vallecano, en una acción del encuentro de ayer.
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Se ha propuesto la Unión Deportiva poner interesante el final de temporada. A fuerza de sustos, incertidumbres y vértigos. Después de su fracaso en Vallecas, donde acumuló una derrota más y otra pala de tierra encima, el descenso a Segunda B, mil veces nombrado en los últimos tiempos, es un escenario tan factible como cercano. Los números asustan y conducen a la perdición. El Rayo, que llevaba un triunfo en catorce semanas, facturó los puntos con aparente comodidad y, como ya hicieron muchos anteriormente, sanó sus males gracias a Las Palmas, arruinada por una defensa infame y también por un error arbitral de bulto, con la anulación de un gol legal a Francis con 3-2. No vale de excusa. La suerte que no hubo en esa acción sí acompañó en numerosas galopadas del Rayo que no hicieron más sangre de milagro (y gracias, también sea dicho, a Pindado). Es menor el consuelo de comprobar que los rivales en escapar de la cloaca también andan empeñados en remar a favor. Lo que importa, y preocupa, radica en la incapacidad propia, en una tendencia suicida que no cesa. Sin aprendizaje de ningún tipo, con una reiteración sangrante. La clasificación, blindada a interpretaciones, condena y retrata.

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En veinte minutos ya estaba la Unión Deportiva contra las cuerdas. Es imaginable el procedimiento. El Rayo en plan ciclón y Las Palmas en su versión conocida, esto es, tembleque colectivo, maltrato a la pelota y asimetría general. Tantas facilidades parieron un 2-0 que olía a lapidario. De nada sirvió el tanto de Rondón porque, a continuación, Jofre dejó en el sitio a Darino con una gran internada por banda izquierda que acabó con Pachón fusilando a Pindado. 3-1 y al descanso.

Un disparo de Guerrero que entró con fortuna volvió a elevar los decibelios. En desventaja mínima y con el Rayo haciendo apología de la usura, creció la Unión Deportiva, ya sí como un grupo ortodoxo, menos caótico y con un plan para llegar al área contraria. Que no culminara la remontada se debe, en una gran porción, al lastimoso arbitraje de Sánchez Maroto, que no ofreció argumentos al invalidar un gol a Francis tras saque de esquina. Cabeceó limpio el canterano, sin nada raro de por medio. El colegiado, a instancias del juez de línea, anuló la acción. En el Rayo asistieron al sainete con incredulidad y alivio. El banquillo isleño soltó lava y Diego Quintero acabó expulsado por sus excesos verbales. Favoreció el barullo a los futbolistas de Felipe Miñambres, que ganaron tiempo y pulmones en plena crecida isleña. Nada cambió. Injusto o no, Las Palmas se vuelve a casa como nadie quería. Espera una semana larga, en la que se hablará poco de fútbol y mucho de Kresic. Que, de momento, sigue.

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