Real Madrid-Barcelona | Fotos del clásico

Antes que Messi, el diablo se llamaba Amancio

Ni los agarrones le frenaban

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El que parece Messi es Amancio y el que parece desesperado es Olivella. Así se pasaron la tarde. Amancio hizo tres goles y su marcador los vio en platea. Todo ello aderezado con regates y arrancadas de relámpago, muy de Messi, o, para mejor decir, muy de Amancio, que él llegó antes. Hoy, con el poder amplificador de los medios, aquella actuación le hubiera lanzado al Balón de Oro (ganó el de bronce, tras Law y Suárez) y aquel marcaje/placaje sería censurado severamente por los defensores del lince. Pero eran otros tiempos y se veía más la BBC que el NODO.

Pero el 8 de noviembre de 1964 pasó a la historia por algo más que por el recital de Amancio y la goleada del Madrid por 4-1 (diez días después volvieron a ganar 4-1 al Dukla checo en la Copa de Europa con tres tantos de Amancio). Aquel día debutó un muchacho de Ceuta que tenía una caja torácica comparable a la de Tarzán. Se llamaba José Martínez, apodado primero Pepirri y después Pirri, aunque Bernabéu, poco amigo de los apodos, se resistió cuanto pudo al mote.

Su estreno necesitó de una carambola. La sanción de Puskas (37 años) y las lesiones de Félix Ruiz y Pipi Suárez hicieron que Miguel Muñoz entregara a Pirri (perdón, Martínez) la camiseta número diez. Tenía 19 años y se enfrentaba al Barcelona. Suerte que Tarzán no teme a los leones.

Germen.

Nadie podía imaginar que en aquella temporada, la primera sin Di Stéfano, ya se estaba gestando el equipo que ganó la sexta Copa de Europa, el Madrid yé-yé (yeah, yeah, cantaban los Beatles).

Ahora, con la perspectiva del tiempo, todo encaja. En la tarde que nos ocupa Amancio anotó tres y Serena consiguió el cuarto; también ellos marcaron, dos años después, en la final contra el Partizán.

Ni qué decir tiene que la goleada escoció al Barcelona, que a partir de entonces vio a Amancio con la misma preocupación (casi pavor) que ahora despierta Messi. Y el temor se propagó por otros equipos, que llegaron a la funesta conclusión de que sólo las patadas podían frenar al genio. Pocos futbolistas habrán sido tan castigados por las defensas rivales como Amancio. Y pocos habrán echado tanto de menos la actual cobertura mediática.

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El 28 de febrero del 65, en un Clásico en el Camp Nou, Amancio fue cazado por Torrent, que lo dejó seis meses en el dique seco. El defensa admitió que era la única forma de pararlo. El 8 de junio de 1974 fue el paraguayo Fernández quien estuvo a punto de adelantar su retirada.

Al fin y al cabo, Olivella fue uno de sus enemigos más delicados. Antes que llevarse una pierna del brujo, prefirió agarrarle el pantalón.

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