La eterna pegada

Liga BBVA | Racing 0 - Real Madrid 2

La eterna pegada

La eterna pegada

Cristiano e Higuaín acabaron con un Racing sin gol. Canales tuvo la mejor ocasión local. Gago brilló en la conducción del equipo. Debutó Marcos Alonso III

El Madrid se ha hecho un experto en finales felices. No importa cómo haya sido el partido (vulgar, ayer), porque siempre encuentra una guinda para adornarlo. Cuando no es una remontada homérica, nos encontramos con un gol de Higuaín (24) o con el entrañable debut de Marcos Alonso, hijo y nieto de futbolistas históricos, cántabros para más señas.

Con eso basta para convertir en irrelevante el resto del partido, 75 minutos, aproximadamente. Sobre cualquier otra consideración se impone el resultado y el fajo de estadísticas que lo acompañan. Por no hablar del liderato. Y quien ose criticar corre el riesgo de quedar sepultado por una montaña de goles, puntos y archivadores.

Dicho esto, el Madrid no jugó bien. Y cuando digo jugar, y para atajar el debate filosófico, me refiero a las tres primeras acepciones del diccionario, las que mencionan términos como entretenerse, divertirse o retozar. Poco o nada hubo de eso. Pareció más bien que, sin otra consigna que el orden defensivo (esto no se discute), el partido quedó para la libre inspiración de los genios que por allí circulan, que son bastantes.

Así llegaron los goles, desconectados de cualquier jugada. En el primero Cristiano atacó en carrera a Moratón y las consecuencias fueron tan trágicas para el defensa como para el Racing. Penalti rotundo, falta de viejo central que no soporta la insolencia del correcaminos. Gol de Cristiano.

En el segundo y definitivo tanto tuvo que ser Guti, con apenas quince minutos sobre el césped, quien despejara el horizonte de piernas y obstáculos. Su pase sobrevoló la zona de conflicto y alcanzó a Higuaín, que controló con clase y marcó como si no hubiera portero. En eso, por cierto, se distingue a los grandísimos delanteros: ignoran al guardameta, lo superan como quien anda con prisa y esquiva a un peatón con manoplas.

Como siempre.

A grandes rasgos, ya está. Cristiano e Higuaín más el talento que se incorpora. Ayer fue Guti, en esa jugada, y durante todo el partido Gago, que parece mucho más que resucitado, parece feliz. Y no destaco ahora su contención, ya conocida, sino su verticalidad. Es raro el fútbol y son raros los pies, pero son mucho más extrañas las cabezas.

El Racing mantuvo el pulso hasta el gol de Cristiano. En ese tramo dispuso de su única ocasión verdadera. Canales buscó en profundidad a Tchité provocando la salida de Casillas y el balón perdido volvió a los pies del chico, que buscó la vaselina con la pierna derecha, la que teníamos por mala. Lo fue por diez centímetros. O menos.

Mientras duró Canales, el Racing tuvo llama. Cuando el muchacho se apagó (a la media hora, sólo cabe ese reproche), el equipo siguió siendo voluntarioso, pero quedó desnudo, achacoso y plano. Donde no falta gol, sobran años. Porque eso que llamamos veteranía sirve como concepto teórico y espiritual, pero vale de poco cuando encara Cristiano o toca regatear a Arbeloa. Entonces la edad se manifiesta como una rigidez que chirría como los goznes de las puertas antiguas, hermosas, enteras y barnizadas, pero antiguas.

El gol de Higuaín terminó por destrozar al anfitrión. Guti disparó al larguero y el Madrid en general vivió sus mejores momentos cabalgando sobre la rendición del Racing. Cristiano remató alto un estupendo pase de Higuaín, Raúl también tuvo su oportunidad y Christian hizo penalti al despejar la pelota con un brazo. El árbitro, sin embargo, no vio necesario tanto castigo.

El resto son matemáticas: el Madrid suma doce triunfos seguidos y llegará líder al clásico. Lleva cien goles esta temporada. Tal vez esté sucediendo algo por allí arriba que no apreciamos los de aquí abajo, los de letras.