Miedo en el Bernabéu
Derrota mínima, marcada por las lesiones de Reyes y Valera y los errores defensivos colchoneros en los tantos madridista. El primer tiempo rojiblanco y la táctica de Quique fueron lo más destacado. El gafe del Bernabéu sigue para el Atlético.

Terror blanco. El Bernabéu estuvo durante una hora con el miedo metido en el cuerpo. El fútbol lo puso el equipo rojiblanco y la sangre caliente, los blancos. Hasta el ataque de la artillería pesada, los de Pellegrini entendieron que estaban perdiendo la lucha con el Barcelona. La mala suerte de las lesiones de Valera y Reyes rompió un encuentro perfectamente planteado por el Atlético. Lo que pasa es que el gafe sigue siendo evidente y los desaciertos de los zagueros en la recta final del encuentro decantaron la balanza. Una derrota que sabe a victoria.
El libro de Quique. El técnico Atlético nos brindó un primer tiempo inolvidable. Quique se había estudiado a la perfección el partido, con la sorpresa de dejar fuera a Perea. Obligó a los blancos a jugar en una parcela muy reducida de campo, consiguió que Tiago y, en especial Assunçao, dominarán la zona central. Roncero, no hay peor cuña que la de la misma manera, ya que el gol llegaba de otro ex, Reyes, que aprovechaba una maravillosa asistencia del Kun. Cristiano y compañía ni aparecían por los dominios de De Gea. Con los equipos titulares, victoria moral.
Cambios obligados. Perea y Jurado tuvieron que salir por los lesionados Valera y Reyes. El panorama cambió y, como no podía ser de otra manera, llegó el empate en un fallo a la salida de un córner. Tomás, os salvó el toque de arrebato ya que comprendieron que estaban perdiendo la Liga. El balón tenía sólo un dueño y la pena es que en especial Forlán no supo aprovechar los huecos que estaba dejando la defensa blanca. Al final nuevo regalo y Arbeloa sentenciaba el partido. Las lesiones habían condenado el partido.
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Lecciones. El segundo periodo no merece la pena analizarlo. Los madridista supieron aprovechar los regalos que les hacían, pero nunca dieron sensación de ser superiores en cuanto al fútbol que habían realizado. Lo importante es que ese primer tiempo para la memoria se imponga en la cita del jueves en Europa ante el Valencia.
Cuatro títulos. Ni la euforia de Roncero y su gente me provoca. Todavía podemos ganar más títulos que los vecinos y, si no suben el listón, mal lo van a pasar ante el Barça de Messi. Por el Calderón seguiremos rumiando nuestra desesperación a la hora de arrojar por la borda el buen fútbol que hacen nuestros delanteros. Nuestro mundo no es la Liga. Estamos llamados para la Copa del Rey y hacer historia en la Europea League. Enseñamos a los blancos que si queremos podemos con ellos. Ni siquiera el penalti que nos concedió Fermín en la mano de Alonso sirvió para dar algo más de emoción. Este Atlético había entregado las armas y quizás no fue justo, pero en el fútbol lo que cuentan son los goles y en este apartado el rival no tuvo tantos errores como los que exhibimos en defensa.




