Liga BBVA | Vigesimoséptima jornada

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Al Madrid lo sostiene la pegada, camino de los 107 goles, y al Barça lo sostiene Messi, camino de convertirse en Maradona, pero la Liga sigue igual de igualada y de bipolar. Por detrás, el Valencia se aclara el tercer puesto y el sorprendente Mallorca se encarama al cuarto. Su víctima, un sospechoso habitual: el Atlético.

Messi
José A. Espina
Jefe de Sección en la Delegación de Andalucía
Jefe de Sección de Diario AS en Andalucía. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad de Sevilla. Pegando teclazos desde 1998, durante toda una década en Madrid (2000-2010). Sevilla, Betis, Selección española y lo que se ponga por delante. Loco por el fútbol, guarda un poco de esa pasión para su otro deporte favorito, el tenis.
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Chema: si funciona, mejor no tocarlo

Cinco goles recibidos pero al menos una decena abortados (el sábado paró un penalti) por Chema, portero de la resurrección xerecista, dos victorias en tres partidos para él y el equipo azulino. José María Jiménez fue fundamental en el ascenso del Xerez a Primera (jugó 41 partidos la campaña pasada), pero ha tenido que aguantar 29 años de vida y siete meses de suplencia antes de debutar en la máxima categoría. Del Valencia llegó Renan, titular porque es brasileño y porque su ficha costaba una pasta. Unos cuantos días vuelven a demostrar que lo que funciona, mejor no tocarlo. Con Chema se subió y con Chema, quizá, cabría la posibilidad de salvarse.

Del Moral, extremo zurdo accidental

Insiste Míchel en colocar al diestro Manu del Moral por la banda izquierda, unas veces porque no está Gavilán, otras contra las críticas y en ocasiones, como ante el Athletic, con algún mérito o gol que echarse a la boca. El jiennense siempre ha sido delantero o segunda punta y le cuesta, cómo no le va a costar si le apura centrar con la zurda, si no le gusta jugar pegado a la cal, si toda su vida ha tenido querencia a marcharse por el centro y chutar en la medialuna. Pero en San Mamés Manu marcó, fue un gol extraño. Se escoró hacia dentro, la puso al área y se la comieron los centrales e Iraizoz. Tanto accidental de un extremo ídem.

Llamando a Vicente (III): gran Llorente

Da la impresión de que Del Bosque tiene pergeñado casi todo el traje mundialista, pero que le envenena aún la punta del sombrero. El cuarto delantero, vamos, si es que al final no decide llevarse tres nada más. Innegociables Villa y Fernando Torres y presumible el artista Güiza (marcó de nuevo este fin de semana), deben de ser Llorente y Negredo los que jueguen esa otra plaza y el sevillista no deja de decepcionar. En Montjuïc, Álvaro ni siquiera la olió durante sus 25 minutos, los pocos, por cierto, que suele confiarle el técnico Jiménez. Fernando, mientras tanto, ganaba un poco más de confianza con un gol de penalti (el 2-1) y la ponía, más importante aún este tipo de aportación, de cabeza para que anotara Orbaiz el 1-0. Llorente significa mucho más que gol: con su 1,94 se convierte en un gran recurso para cuando el tiqui-taca no funcione y no haya más remedio que recurrir al pelotazo, ese kick and rush (patea y corre) que tanto y tan bien practicaron los ingleses. Vicente: un tanque nunca viene mal.

Garay y Albiol

Junto a grandes que se confirman (Higuaín y Cristiano) y fuertes que decepcionan (Kaká y Benzema), anda acoplándose y creciendo en silencio la pareja de centrales que tiene al Real Madrid con apenas 22 goles en contra, una marca para lo que venía logrando las últimas temporadas. Si es verdad que los porteros alcanzan su clímax a los 30 años, que los medios lo hacen a los 26, los delanteros a los 24 y los defensas a los 28, Garay y Albiol, 23 y 24 primaveras respectivamente, prometen un futuro halagüeño y menos titubeos futuros en un puesto, el de defensa central, para el que el Madrid no ha parado de dudar desde que se marchó Fernando Hierro. Pepe puso una pausa de tranquilidad que se rompió con su lesión, pero Garay y Albiol han hecho olvidar al portugués.

Caicedo, Forestieri, Luque, Obinna, Baha

Le tocó resolver a Nabil Baha, dos goles al Villlareal después de una sequía de cinco partidos. Tan inconstante en el acierto como regular en el trabajo, el marroquí completa las virtudes y tal vez también los defectos del resto de arietes del Málaga: Obinna, Caicedo, Forestieri, Luque, Edinho, Baha... Pocos equipos habrá con una nómina tan extensa de delanteros como la que posee el equipo entrenado por Muñiz. Ninguno parece demasiado bueno, pero entre todos fabrican un crack.

Osvaldo, Alonso y un buen ojeador

Doblete de Pablo Daniel Osvaldo, cuya única virtud florece con la fuerza de los almendros en el Valle del Jerte: hace goles que valen puntos. Uno para el empate ante el Mallorca, otro para igualar en Xerez y dos para derrotar al Sevilla. Cuatro en casi tres meses y no está mal, pues apenas ocho había metido en casi tres años entre Fiorentina y Bolonia. Alguien en los despachos del Espanyol intuyó que las musas del gol volverían a inspirar a este delantero argentino nacionalizado italiano (24 años tiene) y acertó, como acertó que el uruguayo Iván Alonso, de vuelta hasta en Segunda, marcaría en medio año pasado seis tantos fundamentales para la permanencia perica. Ojo de pastor para ese ojeador que sugirió ambos refuerzos invernales, un fenómeno del mercado de enero. Que le fichen a él.

Chori Castro, ese crack invisible

La estadística no se ha hecho aún amiga del Chori Castro, uno de esos futbolistas que se ocupan de casi todas las jugadas pero aparecen poco en los periódicos o la televisión. Su continuado burreo al colombiano Perea le da otra vez segundos de gloria a este uruguayo eléctrico pero solidario, mejor en la entrega que la definición. Quien le sigue sabe que Castro lleva un año de vicio, el de su consagración definitiva, y lo nota el Mallorca con ese puesto de Champions tan merecido donde los pases los pone Valero, los goles Aduriz y Víctor y la pausa, Manzano. Pero el Chori, si existen secretarios técnicos avispados, valdrá lo mismo que ellos. O más.

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