El Athletic, con diez, supo tutear a un frío Getafe
Pedro León estableció el empate cuando el partido moría

El Getafe cortó la racha victoriosa del Athletic en San Mamés, aunque estuvo muy cerca de sucumbir al influjo del indomable espíritu rojiblanco. Pedro León estableció el empate definitivo muy al final y evitó así que se registrase el sexto triunfo consecutivo local, algo que de haberse materializado, en buena medida se hubiese computado en su debe, por cuanto el Athletic afrontó la mitad del encuentro con un jugador menos.
El Athletic acarició el éxito pese a esa inferioridad merced a su generosidad y arrojo. Consiguió que apenas se notase o al menos evitó que el Getafe rentabilizase semejante bicoca, no dejó que desplegase su fútbol combinativo y mantuvo siempre las espadas en alto. Fruto del esfuerzo, en una acción que refleja el estado anímico actual de los hombres de Caparrós, Susaeta forzó un penalti, suerte maldita para su equipo, que ayer no lo fue en la bota derecha de Llorente.
Hecho lo más difícil y con Míchel haciendo cambios a la desesperada, llegó un empate que a punto estuvo de no valer, pero Llorente, en boca de gol, no supo volear una cesión de Iraola en la última acción de un choque de final trepidante. Al Athletic le queda el consuelo de que el punto vale para entrar en zona UEFA, un objetivo que perseguía con ahínco desde octubre.
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Clave. El Getafe sigue alejado del reparto de premios por su falta de decisión. Su propuesta adoleció de la intensidad que sí aplicó el rival, sobre todo cuando peor lo tuvo. Dio la sensación de gustarse en detalles técnicos, pero superar a los rojiblancos exige un tono más agresivo y tener mayor valentía.
El partido discurría sin dueño definido, aunque el Getafe mantenía largas posesiones, y el marcador señalaba empate, cuando a Orbaiz, autor precisamente del gol rojiblanco, se le cruzaron los cables. Recibió una fea entrada por detrás de Cortés en la divisoria y, una vez caído, se revolvió incrustando los tacos en las partes del lateral. El Getafe no explotó este factor y la emoción, en medio de la constante bronca a Pérez Burrull, cerró un movido partido del que el anfitrión salió como vencedor moral.



