Miguel Delibes, de fino delantero a crítico feroz
El literato vallisoletano, fallecido ayer, publicó un buen número de libros y artículos, la mayoría críticos, sobre el fútbol. Fue socio del Valladolid, admirador de Helenio Herrera y detractor del profesionalismo y la invasión extranjera. También escribió del Tour y de su ídolo, Fausto Coppi.

N o sólo no llegamos a campeones, sino que ni siquiera optamos a ello; no jugamos nunca eliminatorias. Más que falta de juego, España padece una fragilidad de base: nervios frágiles, frágil condición física, frágil moral". Así, con la escopeta cargada, vio Miguel Delibes (Valladolid, 1920), fallecido ayer a los 89 años, a la España del Mundial 90, retratada sin compasión por su pluma de perpetuo desencantado en un artículo titulado Sin personalidad.
Delibes se manejó en el periodismo deportivo como un mediocentro clásico: siempre atento al escenario y contundente en sus apariciones esporádicas. "Fui espectador desde muy niño. Ser socio infantil del Valladolid costaba 1,50 pesetas y tuve que convencer a mi padre para que pagara esa cuota de seis reales al precio de quedarme sin propina", reconoció hace dos años en una entrevista a ABC, en la que aún recitaba con fluidez a "aquel Valladolid de los 30, con Irigoyen, Ochandiano, Luisón, Gabilondo, Ros y López, Cimiano, Susaeta, Sañudo, Escudero y Álamo". "Fui un delantero más o menos fino, pero me faltaban condiciones físicas", reconocía. Y es que a aquel ariete del Colegio Lourdes le parecía inabordable el Santiago para Huérfanos de Caballería. Años después evocaría esas dolorosas derrotas en Una larga carrera de futbolista.
Bajo el seudónimo Miguel de Seco, Delibes escribió en los 50 para la revista Vida deportiva, que se distribuía en Zorrilla. Durante 30 años fue asiduo del estadio hasta que, a finales de los 70, le echaron las vallas, la televisión, la dureza de los futbolistas y la pérdida de atractivo del juego.
Su producción futbolística fue notable. Vivir al día y Divos y destajistas hablan del profesionalismo mal entendido y del plus que da el empeño. En Campeón de taquillas celebró la tercera Copa de Europa del Madrid con el lazo amargo del excesivo número de extranjeros que poblaban su plantilla ("demasiadas kas, demasiadas uves dobles"). La Liga agoniza retoma la censura de la profesionalización y La misión del entrenador, escrito a partir de unas declaraciones de Di Stéfano, refleja el papel indispensable del técnico como alma del equipo. Un alma que escenificó como nadie, para él, Helenio Herrera.
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El otro fútbol denunció la regresión en el juego tras el Mundial 78. Sobre el Mundial, El fútbol en baja, El fútbol en pantalla o Fútbol y televisión completan su legado crítico.
También prestó su pluma al ciclismo (Mi querida bicicleta, Sobre los divos), a Fausto Coppi, su referencia, y al Tour, que le mantenía pegado al televisor en las calurosas tardes de julio. Y a la caza. "Soy un cazador que escribe", le dijo a Juan Cruz en una entrevista. Pero el fútbol siempre estuvo por delante, pese a que el paso del tiempo erosionó su entusiasmo. "A lo mejor hay que atribuirlo todo a mi falta de juventud, pero creo que el fútbol hace 70 años era más espontáneo y menos táctico", se lamentaba con nostalgia.



