"A Reyes ya le pegan como a una estrella"
Quique cogió el 25 de octubre a un Atlético hundido en la decimoséptima posición. Tras un inicio titubeante, tiene al equipo alejado de todo peligro, en la final de Copa y soñando también con la Europa League. Su trabajo está dando frutos y repasó para AS cómo se ha producido el cambio.

Esta semana toca Europa League. Con la final de Copa ya en el bolsillo y en tierra de nadie en la Liga, ¿por qué tanta cautela a la hora de hablar de este torneo?
Porque sabemos el desgaste que tenemos. La Europa League es dificilísima, todos los cruces suenan a Champions. Vamos a jugarla con toda la concentración, pero siendo conscientes de que llegar a la final requerirá un rendimiento máximo cada día y eso no lo puede asegurar nadie. En la Liga estamos condicionados por un muy mal inicio, pero hemos sumado deprisa, a una velocidad adecuada para hacer algo interesante en el tramo final. La Champions está complicada, pero recortar doce puntos a falta de trece partidos no es descabellado para una gran plantilla como ésta. No nos vamos a meter esa presión, pero tampoco renunciamos.
Parece que este Atleti se siente capaz de todo, algo impensable hace tres meses. ¿Cuál ha sido la base del cambio?
La gran clave ha sido encontrar el equilibrio. No hay que infravalorar el cambio de los jugadores, que han recuperado la alegría, hablan de táctica y se van a la pizarra para mover las fichas y explicarse movimientos entre ellos. El olor a fútbol del vestuario es enorme, pero la gran batalla era la del equilibrio. Cuando un enfermo entra en un psiquiátrico, y teníamos mucho de locos, el día que recupera la estabilidad pone las bases para todo lo demás. Ahora ese enfermo tiene sus propias buenas ideas sin ayuda, algo que parecía impensable hace poco.
Esa estabilidad ha nacido desde una defensa más fiable. Su apuesta por Domínguez y De Gea ha funcionado, pese a que el cambio de porteros llegó de forma inesperada...
Estábamos intentando estabilizar la defensa y entendimos que De Gea, un jugador sin prejuicios, con la mente despejada y que transmite serenidad, era la pieza que podía acabar de darnos esa tranquilidad. Además vi el riesgo de la sobreexposición de Asenjo, fundamentalmente en el Calderón. Era el momento de que diera un paso atrás para poder hacer una lectura más serena de la situación y recomponerse, como así ha sucedido.
Y Domínguez no jugaba hasta que llegó usted...
Siempre digo que cuando los jóvenes llegan arriba no es por apuestas de los entrenadores. Es la forma en que se abre camino la juventud de hoy: no llama a la puerta, se asoma y muestra toda la grandeza y la fortaleza que puede tener un jugador de 19 años. Eso hizo Domínguez y, como a partir de ahí todas las respuestas fueron positivas, se ganó un puesto
También mantuvo a Perea contra viento y marea en su peor época y ha respondido.
A los jugadores valientes y capaces de sobreponerse a la presión les doy más margen. Él lo ha hecho en momentos muy difíciles. Es un gran profesional. La propia afición, cuando se ha recompuesto del todo, se lo está reconociendo.
Otro factor de mejora evidente ha sido Tiago. Resulta difícil de entender que el Atlético lleve tantos años sin un centrocampista de ese corte.
Yo creo que se hizo un intento de tener un jugador así con Motta, pero faltó suerte. Tiago lo tiene todo. Primero, la grandeza de jugador de Chelsea, Lyon, Juventus, Atlético... Y luego tiene capacidades básicas para este equipo: querer la pelota, bajarla al suelo, empujar y dirigir con la palabra y una gran inteligencia táctica. Eso debe arrastrar a otros jugadores como Raúl García, que está aprendiendo muchas cosas en estos meses y, finalmente, va a llegar a lo que se espera de él.
La gran polémica táctica en el Atlético de los últimos años ha sido que todos los entrenadores ponían a los mismos y el equipo se partía en una especie de 4-2-4. Con usted sucedió al principio, pero parece haber solucionado el problema sin cambiar los mimbres, ¿cuál era la fórmula?
Nosotros siempre trabajamos con el 4-4-2, pero tenía que haber un proceso. Lo primero fue mover el sistema defensivo hacia arriba. Después, el equipo tuvo muchos problemas con la pelota y esto le creaba dos dificultades: no terminaba jugadas y tenía muchas pérdidas de pelota, lo que fracturaba al equipo. Pero se han ido subsanando y ahora la transición es buena, los dos primeros pases dan salida al juego, estamos más en campo contrario, hay más posesión, más disparos... Todo eso hace que el equipo no se rompa.
En esa primera fase, los nervios eran enormes y jugar en el Calderón le pesaba una barbaridad al equipo.
Vi cosas muy duras al llegar, como aficionados que me paraban en la calle para decirme que se conformaban con que los dejara en el puesto 14. La gente que va al Calderón ha pasado por mucho, conoce el fútbol y no pierde la perspectiva, pero estaba razonablemente harta. Es difícil explicar a la gente que profesionales privilegiados con grandísimos sueldos podamos no rendir siempre bien bajo presión, pero sucede. A veces el fútbol se convierte en un circo romano y los jugadores lo pasan realmente mal. Afortunadamente eso ya se ha acabado y ahora sucede lo normal: que a la gente le encante ir al estadio a ver a su equipo. Mi gran reto para lo que queda de temporada es mantener la emoción de la gente.
Reyes, un jugador al que casi se daba por perdido, es el símbolo del cambio. ¿Es su gran obra?
No, algo así depende de los jugadores. Los entrenadores tenemos que intentar que, si pueden crecer, crezcan y mostrarles el camino, pero un porcentaje altísimo del éxito está en el jugador. Yo tenía ventaja porque el desgaste con Reyes ya lo había hecho el año pasado. Tenía la sensación de que, con mucho esfuerzo, en el Benfica le había sacado un 60% y esa era mi pelea y mi sufrimiento con él. Ahora está a un 100%.
Los rivales empiezan a preparar los partidos en torno a él...
Sí, me dio la sensación en Zaragoza de que para los rivales empieza a tener trato de estrella y le pegan como a tal. Eso me preocupa. De los árbitros en particular no hablo, pero a veces llevan los partidos a situaciones difíciles de controlar. La reacción de Reyes en La Romareda no la excuso, pero bajo los parámetros de ese partido se podía dar. Me preocupo por eso y por su físico, porque le van a castigar mucho y de forma injusta.
Llevan varios arbitrajes controvertidos seguidos...
Lo que me preocupa es que se generan atmósferas equivocadas a nivel de aficiones. Por ejemplo, en Zaragoza parecía que contra el Valencia nos hubieran dado algo extra cuando había sido al revés y eso creó un ambiente especialmente tenso.
Los que no terminan de encontrar una constancia en su rendimiento son Kun y Forlán. ¿Cuál cree que es la causa?
Aún esperamos que llegue el mejor momento de ambos porque tenemos muy claro que, junto a tal vez Jurado, son los futbolistas más desequilibrantes de este equipo. Reyes, Simao y Salvio son jugadores de ataque muy buenos que nos aportan cosas muy interesantes, pero el desequilibrio más grande ha de nacer de Kun y Forlán. Ellos dos han entendido el mensaje y les hemos acercado el equipo para que su talento sea más eficaz, pero todavía necesitamos más por su parte y ellos son conscientes. El día que recuperen esa mordiente y esa agresividad el equipo habrá completado su funcionamiento
Habla de Salvio, pero ha sido llamativo los pocos minutos que le había dado hasta el pasado domingo pese a lo justo que llegaba el equipo a los finales de partido. En general, hace pocos cambios y siempre muy al final, ¿por qué?
Salvio llegó en un estado físico precario: sin entrenar por el descanso en su liga y con una pubalgia. Lo que no vamos a hacer es sacar al jugador cuando las condiciones no sean las mínimas requeridas. No podemos mostrar un fichaje, que es atractivo para todos, en un estado en el que se vaya a hacer un juicio antes de tiempo. Ahora ya está en condiciones y jugará más. En Almería, que es donde más controversia hubo con mis cambios, viví el peor momento de mi vida deportiva porque vi un partido desde la grada y eso es superestrafalario, no es un sitio para el entrenador. Posiblemente no hice una lectura adecuada de los cambios.
La plantilla es bastante corta y usted tiene varios futbolistas con los que ya no cuenta para nada...
Después de un mes y medio haciendo cambios, decidimos que lo prioritario era crear un once. Habíamos instaurado unos fundamentos, pero no había un once estable que se adaptara a ellos. Ahora sí lo tenemos y a partir de ahí hemos encontrado los resultados. Hay un primer bloque de trece en el que están los titulares más Jurado y Asenjo. Luego llegan Valera, Raúl García y Salvio que están participando también. Sobre los 20 jugadores de campo que tenemos, usar a 14 o 15 no es poco. Quedan Camacho, que está en un proceso que nos gustaría que fuera mejor, Pablo y Pernía, que acaban contrato, Cabrera, que es muy joven pero interesante, y Juanito, que siempre viene convocado pero no hay minutos para todos.
El proyecto de Cerezo y Gil Marín para la próxima temporada pasa por tener menos fichas profesionales y completar con canteranos. ¿Considera que ese modelo puede funcionar?
Con la cantera el mensaje tiene que estar muy bien medido. Amorrortu lo entiende muy bien. Los jugadores que apuntan, salvo que llamen a la puerta de forma brutal, deben demostrar que tienen sitio a través de cesiones. En el Valencia, Silva pasó por dos cesiones y eso nunca es una pérdida de tiempo. El Atlético tiene jugadores así, que con un par de cesiones van a tener sitio.
¿Continuará usted en el Atlético para dirigir ese proyecto?
No me creé hipotecas cuando firmé, ni siquiera por lograr objetivos, así que sería muy poco inteligente hacerlo ahora que todo el mundo está centrado en lo que tiene que estar. No hay ninguna negociación ni tengo nada decidido. Soy consciente de que estoy en un gran club, pero no quiero que parezca que intento arañar un contrato. No tengo necesidad. Lo que quiero es trabajar duro y eso es lo que puede traer un contrato. Debe suceder así y no al revés. Cuando acabé la temporada pasará lo que tenga que pasar, yo estoy en este trabajo para ser feliz.
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