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Pablo ahuyenta las brujas

Europa League | Valencia 3 - Brujas 0

Pablo ahuyenta las brujas

Pablo ahuyenta las brujas

alberto iranzo / biel aliño

Dos goles suyos en la prórroga dan la clasificación.

La eliminatoria empezó pasadas las once de la noche. El pitido inicial fue la piña que todo el valencianismo hizo a pie de césped. Físicamente estaban jugadores y técnicos, pero de espíritu estaban los casi 50.000 que hacían temblar Mestalla y los miles que desde sus casas sufrían ante la tele. Hombro con hombro, como en una melé de rugby, los protagonistas de la noche se conjuraron a ojos de toda Europa: "A por ellos", por resumir suavemente lo que ahí se pudo escuchar. La grada se puso en pie, consciente de que esto ya iba en serio. Se desgranó la piña humana y Carcedo, el segundo de Emery, se desgañitó pidiéndole a la hinchada un poco más, manoteando al aire. Y la grada respondió: "Vamos", gritaba el técnico, por seguir siendo finos. Y ahí se empezó a marcar el segundo tanto de la noche, el primero de la prórroga, el definitivo, el que vale.

Fue un partido que se recordará, de los de "yo estuve ahí". Y eso que no tenía pinta cuando a los diecinueve segundos Mata hacía el 1-0. Sonaba a goleada, a paseo triunfal, a para esto no hacía falta tanto ruido, pedir tanta ayuda. Pero sí hacía falta. Y tanto que lo hacía porque el Brujas no fue un equipo menor, no se desmoronó, nunca se vino abajo. Increíble, porque encajó en frío el puñetazo de Mata y no se fue a la lona. Fue un gigante soviético, de barbilla granítica, que ni pestañeó pese a verse por debajo cuando aún no se había ni asentado sobre el campo. También fue meritorio lo suyo.

Volvemos al final, a la prórroga. Media hora por delante para hacer justicia porque los ches habían sido muy superiores durante los 180 minutos anteriores, pero entre los accidentes de la ida y el meta Stiejnen, impresionante la eliminatoria que ha hecho, los belgas metieron el miedo en el cuerpo al valencianismo y llegaron vivos a la última media hora.

Vivos no, muy vivos, pues si no es por César, el galáctico de guardia, el Brujas se hubiera plantado en octavos pues cuando los nervios devoraban a los ches, el meta detuvo dos mano a mano ante Perisic y Sonck. El de Coria fue la otra noticia de la noche, entró en lugar de Moyá y su partidazo le dio la razón a Emery, que apostó porque jugaran los mejores y obtuvo su premio. Si era una final, lo era para todos, empezando por la portería.

Pablo.

No había hecho un buen partido, de hecho la entrada de Joaquín mejoró las prestaciones que había ofrecido, pero cuando llegó la hora de la verdad, Pablo Hernández liquidó la eliminatoria. Fue el hombre de la noche, el man of the match, el yerno perfecto, el hijo deseado, el marido anhelado. Los de Unai llegaron más enteros, impusieron su físico, su velocidad y tumbaron a los correosos belgas, ahuyentando por fin todas las brujas.