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Cristiano es inmenso

Liga BBVA | Real Madrid 6 - Villarreal 2

Cristiano es inmenso

Cristiano es inmenso

Completó el partido perfecto: golazo, asistencias, desborde y banda. Higuaín y Kaká, dos tantos por cabeza. Xabi cerró la media docena de penalti.

Ayer Cristiano no fue Cristiano, fue la cristiandad entera. No sólo marcó un golazo, propició un penalti y asistió en otros dos tantos, consiguió mucho más aún: hizo bueno cada balón que tocó, impulsó al Madrid, le dio alas, rescató a Kaká del purgatorio y, en última instancia, confirmó al entrenador que debe jugar, preferiblemente, por la banda, por la que desee, que tampoco nos pondremos maniáticos en eso, pero por la banda. Carecía de sentido contar con el mejor extremo del mundo y alejarlo de los extremos, encerrarlo entre los centrales y obligarle a recibir de espaldas, cosido a puñaladas traperas. Ayer se vio: no hay lateral que resista una carrera a este purasangre ni rival que le frene con campo por delante.

Y no hay desdoro alguno en pegarse a la cal, que a veces lo parece. Por allí cabalgaron futbolistas ilustres y desde allí, cuando coinciden banda y pierna buena, se corrige naturalmente el vicio del egoísmo, quien lo tenga. Y conseguido el desborde se deshace el nudo. Superado el lateral se desencadena una situación de ventajas sucesivas que son definitivas cuando quien resopla es Cristiano.

Pero no sólo él demostró la utilidad de las bandas. Marcelo, desde la izquierda, incidió en la necesidad de recorrer los costados, no basta con ocuparlos filosóficamente. Un equipo como el Madrid, con tantos recursos individuales, precisa de un campo abierto que desactive a la defensa del rival, que la estire hasta romperla. Sacar el partido de la pizarra para dejarlo en manos de los jugadores. Así resucita Kaká. De esa forma recupera el aura Xabi Alonso. Renacen los buenos futbolistas.

Habrá que admitir, llegados a este punto, que el Villarreal es el Villarreal. Es decir, que siente un impulso irrefrenable por jugar al fútbol. Llueva o truene. Y por lo que se observa, el nuevo entrenador potencia esa noble naturaleza. Incluso cuando regresa, el equipo está pensando en volver, en recuperar la pelota, en intentarlo. Ignoro cuántos partidos entregará así, pero no conviene perdérselos.

Cristiano logró el primer gol con un lanzamiento de falta y el golpeo merece un tratado. Incapaz de definir la zona de impacto y descubrirle el truco (quizá un milagro, quizá un juanete) lo único cierto es que la pelota voló sin girarse y descendió bruscamente para entrar por la escuadra del portero. Apuesto a que el gol le liberó de posibles ansiedades.

No pasaron tres minutos antes del siguiente gol. Marcelo centró desde la izquierda y Marcano zancadilleó sin quererlo a Higuaín, penalti con atenuantes. Cristiano cedió el honor a Kaká, que marcó y mató cien demonios.

Senna acortó distancias con otro espléndido lanzamiento directo, esta vez como indica la academia, y el partido, pese al recorte, siguió inclinándose del lado de Cristiano. En ese tramo se le recuerda un balón larguísimo, casi perdido, que atrapó sobre la línea de fondo, con el consiguiente goce del Bernabéu; también queda para la memoria un chutazo suyo tras rehabilitar un balón desinflado. El tercer gol se lo regaló a Higuaín tras galopada por la derecha.

Festín.

El Villarreal, a lo suyo. Marcó de nuevo al rematar Nilmar una combinación repleta de joyería. Y volvió a ser respondido por Cristiano. Una apertura a Marcelo calcó la jugada del penalti pero sin el último tropezón. Higuaín prosiguió con su festín silencioso. Al rato, la enésima internada de Cristiano acabó en asistencia a Kaká, que fulminó a otros cien diablos y acalló el rumor de la grada.

Por fin, y para completar su protagonismo, Cristiano fue derribado en el área. Esta vez agasajó a Xabi, que todavía no había marcado de blanco. Sólo cabe mayor poder que ejecutar y es dar vida. Eso hizo anoche Cristiano. Dar vida.