Héroes del Mediterráneo
El Almería remontó con diez ante un flojo Sporting

Noticias relacionadas
Lillo celebraba ayer su centenario en Primera y su equipo conmemoró tal efeméride brindándole una victoria milagrosa. Heroica. La fiesta del Almería tuvo al Sporting como invitado sorpresa. Desfibrilador en mano, el equipo asturiano devolvió el pulso al Almería después de haberle tumbado a los 11 minutos. Un paradón de Chico bajo palos mandó al gaditano a la caseta y puso a Diego Castro, con 11 metros de por medio, mano a mano con Alves. El gallego ejecutó con maestría el penalti y sólo dejó partido para los creyentes irreductibles. Como Bernardello, que apretó los puños, abandonó su infranqueable guarida que regenta delante de los centrales, avanzó unos metros y vio a una centella colarse en la zaga de Preciado. Allí estaba el pequeño Crusat. Eléctrico. Incontenible. La pinchó con la zurda y, con muchísima sutileza, puso el 1-1. El Mediterráneo escuchó tambores de tarde grande. Los futbolistas del Sporting se solidarizaron con la causa, agacharon la cabeza y sacaron la bandera blanca. Se habían ido al vestuario con Chico en el minuto 11. Lillo aceptó la invitación, no varió el dibujo, dejó una línea de tres atrás y mandó a su equipo al frente. Bilic y Barral pudieron abortar la embestida local, pero no quisieron reventar la fiesta y fallaron ante Alves. Mucho menos fino que el meta brasileño estuvo su homólogo Juan Pablo, que metió en su portería con la mirada una falta botada por Domingo Cisma. 2-1.
Preciado no es mucho de fiestas y arengó a los suyos. Trató de herirles el orgullo en la caseta y sólo logró una tímida respuesta. No pasó de mera intención porque sus jugadores estaban más pendientes de soplar las 100 velas de Lillo que de remontar el partido. El Almería tocó retirada y se atrincheró en el centro del campo en torno al General Bernardello, cacique de la medular y escudero de lujo de Acasiete. Apoyado en el argentino aguantó su equipo las acometidas poco consistentes de los asturianos, que terminaron de perder la fe cuando el propio Bernardello despejó, dio la impresión que con el brazo, un centro de Pedro. Ayza Gámez miró para otro lado y el Sporting invirtió lo poco que tenía dentro en desquiciarse. Barral soltó el codo a Juanma Ortiz, que exageró las consecuencias del impacto y propició una roja directa tan absurda como evitable para el delantero sportinguista. En la siguiente jugada, Guilherme, que ayer recibió el indulto por tanto desvaneo nocturno, se coló por el extremo zurdo y, sin ángulo, batió por bajo a Juan Pablo. El Sporting pidió fuera de juego (no era) y Gregory se ensañó con un recogepelotas. Ayza tiró por la calle de en medio, expulsó al central y dio vía libre a la rehabilitación del brasileño. Lillo y su Almería coronaron un centenario heroico, que no se atrevieron a enturbiar ni el Sporting ni Ayza.



