Liga BBVA | Osasuna 1 - Tenerife 0

Un Reyno inaccesible

El gol de Aranda agrava la crisis de un Tenerife perdido

<b>IMAGEN ENGAÑOSA. </b>Ricardo escapa de la presión de dos jugadores de Osasuna. Sin embargo, el Tenerife no pudo sacudirse su gafe fuera.
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Cada semana que pasa son más alarmantes las sensaciones que desprende el Tenerife y también mayores sus posibilidades de descenso. Si mala era la situación hace siete días, todavía lo es peor al cabo de un partido ante el Osasuna que sirvió para corroborar la buena racha rojilla -cuatro triunfos consecutivos- y reafirmar, mientras, que su adversario de ayer huele a cadáver. No gana desde el 6 de diciembre el equipo de Oltra, que ya pierde hasta por inercia. Tal caudal de derrotas habría sido suficiente en cualquier otro club para que tomasen cuenta sus dirigentes de la necesidad acuciante de una operación de cirugía que ya no será posible: acabado el plazo de fichajes y certificado que ninguno hizo el Tenerife, pinta el asunto de la permanencia casi tan difícil como un ejercicio de malabarismos para quien nunca los practicó. Casi una cuestión de azar.

Ayer se plantó el equipo canario en Navarra con el nivel de urgencias multiplicado por el batacazo del domingo anterior ante el Zaragoza y también con la conjura propia de quien sabe que necesita ganar para reivindicarse. Pero se notó más la ansiedad que las ganas de revertir la crisis, de modo que en cuatro minutos ya eran otros tantos los sustos que sufrió del Osasuna. La posición antirreglamentaria de Pandiani salvó el primero de los sobresaltos, los reflejos de Aragoneses evitaron que acabara en gol el segundo, luego la puntería de Masoud alejó la sombra del 1-0 en la tercera ocasión seguida y finalmente la poca pericia del rifle local neutralizó la cuarta, todas ellas sin que el envite hubiese llegado siquiera al minuto cinco. Feo era el decorado para un Tenerife al que no le interesaba un partido así, jugado casi exclusivamente en los alrededores de Aragoneses, sin duda el mejor de los blanquiazules en el partido y la competición.

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Era el juego de los insulares el resultado de una versión disminuida de su mejor nivel, aquel que posiblemente dieran en los albores del torneo, ahí cuando sí ganaron al Osasuna (2-1 en el Heliodoro). Como si la desconfianza se hubiese tragado el talento compareció el conjunto de Oltra muy espaciado, con fisuras a granel y una desquiciante incapacidad para retener el esférico.

Sí que amainó el temporal y pudo opositar a ser el que se adelantara primero el Tenerife hasta que lo hizo Aranda en el inicio de la segunda mitad en una pifia grande de Manolo y un desconcierto mayúsculo de todo el equipo foráneo. Letal como casi siempre, el comienzo del acto final catapultó a un Osasuna que, sin alardes, firmó un triunfo que logró con facilidad. El resultado hunde aún más a su rival, le sume en el fatalismo y obliga urgentemente a dar explicaciones a su presidente, aquél que toleró que pasara enero sin fichajes ni victorias.

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