Liga Adelante | Real Sociedad 2 - Las Palmas 2

Un punto de cianuro

Una carambola en el 90' arruina la conquista de Anoeta.

<b>LUCHA EXTREMA. </b>Samuel intenta parar de cualquier manera la potente zancada de Songoo ayer en el estadio de Anoeta.
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Salir vivo de Anoeta, sobre el papel, ya tiene mérito en los tiempos que corren. Pero atendiendo a lo sucedido ayer, con Las Palmas mandando hasta última hora ante una Real impotente ni mucho menos puede tener buen gusto el punto añadido al casillero. Del 1-3 que tuvo Saúl franco con el cronómetro casi agotado se pasó a un injusto 2-2 que parió la fortuna: Songo'o colgó una pelota desde la derecha a la desesperada, Labaka metió la pierna y la espalda de Juanpa alojó la pelota en la escuadra. Un gol inverosímil y que supuso un castigo tremendo para Las Palmas, que mereció mucho más y a la que cercenó su falta de oficio (o puntería) para echarle la persiana a un partido que fue suyo.

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En nada se percibieron las diferencias clasificatorias entre unos y otros en un encuentro que fue bravo, con césped embarrado y cielo negro. Eso habla mucho y bien de la gente de Kresic, muy aplicada en el achique y valiente a la hora de estirar líneas y mirar sin complejos al área de Zubikarai. Al descanso el bagaje ofensivo se resumía en una escaramuza de la que no sacó rédito Francis, un remate al larguero de Nsue gracias a la pasividad de Samuel y otra acción clara, con protagonista Darino, que no acabó en la red de milagro. Sí que se apreciaba, no obstante, que, por encima de las intimidaciones, había posibilidades empíricas de pescar en San Sebastián. No era tanto la Real y la Unión Deportiva se manejaba con simetría, solidaridad y empeño.

Un mal inicio tras el descanso permitió a la Real cobrar ventaja. Definió Bueno como un crack en el mano a mano con Pindado, previa negligencia defensiva. La respuesta fue arrolladora. En tres minutos, dinamita a todos los cerrojos, con Rondón y Darino firmando dos tantos casi consecutivos y que, efectivamente, hacían justicia al desgaste descomunal de un colectivo revitalizado y con unas agallas como catedrales. El 1-2 trajo minutos de auténtico monólogo isleño, con un David González imperial a los mandos, y la rendición vasca casi consensuada ante unas evidencias clamorosas. Era mejor Las Palmas y no había debate en lo concerniente al botín que merecía traer de vuelta. Kresic lo vio tan fácil que optó por prescindir de David González, brújula y motor del resto, a la espera de que corriera el reloj. Y bien que corrió hasta situarse en el minuto 90, con perfume a victoria de prestigio. Nada había hecho el anfitrión para opositar al empate, salvando alguna aparición de Griezman. A base de balonazos buscó, en vano, comprometer a Pindado. Entonces a Songo'o se le ocurrió probar suerte con un centro anónimo, Labaka atinó a conectar con el balón y Juanpa, de vuelta, envenenó su disparo. Sí, 2-2. Increíble, doloroso y que alimenta maldiciones.

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