Anoeta mide el orgullo
La Unión Deportiva, herida tras dos derrotas, quiere emerger.

La Unión Deportiva comienza hoy la segunda vuelta del campeonato tal y como transitó a lo largo y ancho de la primera: con números descuadrados y prisas por justificarse en su praxis y estética. No parece Anoeta el mejor escenario para ajustar la maquinaria en un equipo que no ha terminado de sacudirse mil sospechas. Cuando gana, porque hay presagios de que habrá frenazo. Y cuando no lo hace, méritos a la basura y más contaminación ambiental. Nunca hay paz y mucho menos satisfacción completa en un proyecto al que le faltan anclajes por los cuatro puntos cardinales. De ahí que las urgencias se renueven cada semana, sin excepciones ahora, con la despedida de enero.
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Es la Real Sociedad un enemigo armado y que funciona como pocos al refugio de su ecosistema. Así le va en la tabla, lanzado al ascenso con un confortable abrigo de nueve puntos sobre el cuarto. Pero viene de sufrir su primera vía de agua en casa (0-1 frente al Elche el pasado fin de semana) y por ahí se abren las esperanzas de saqueo que alimenta Las Palmas. Lo que hace poco era inédito, esto es, conquistar Anoeta, quieren convertirlo Kresic y su gente en uso y costumbre, lo que pasa por ganar esta tarde y aplastar los pronósticos que sepultan de antemano las opciones isleñas. La última vez que viajó la Unión Deportiva con semejante panorama adverso fue a Elche. Y no le estuvo nada mal la visita al Martínez Valero. Cinco goles y tres puntos.
Esquilmado por las bajas, aunque reacio a coartadas, Sergio Kresic fiará la suerte a las piezas ya previsibles. Tampoco tiene mucho más y, de haber cambios, serán mínimos, si acaso el relevo de Álvaro Cejudo para dar bola a Sergio o Francis Suárez, porque lo de rescatar a Jorge parecen palabras mayores por el momento. Y Josico o Javi Guerrero tampoco están para coger galones desde el inicio. La fórmula ya ha funcionado y a eso se agarra el entrenador, consciente de la importancia anímica que tendría un triunfo en este escenario. Daría fama nacional y ego a un grupo que, de ninguna manera, puede prolongar más su caída libre. Por eso da igual el oponente. También la aureola de su escudo. Las necesidades propias superan en mucho al miedo escénico.



