Negredo le salva una tarde de perros al Sevilla
El Almería mereció más y pidió un penalti sobre Corona


El Sevilla-Almería de ayer fue un espanto, claro que hay prismas, porque seguro que Lillo lo ve con mejores ojos. Su equipo hizo exactamente lo que le había pedido y fue más que su rival, perdido y sin norte en el Pizjuán. El Almería no empató de milagro y si perdió fue por una desgracia que Lillo también debería tener apuntada en el manual. Con el Pizjuán encharcado, a Acasiete le dio por cometer una imprudencia: cedió el balón a Alves a ras de césped. Y claro, se paró. Renato recogió el regalo y le puso el lazo para que Negredo abrochase el partido para el Sevilla. Negredo, lo había prometido, no celebró el gol con ninguna efusividad. Lo hizo por su pasado rojiblanco, pero también por lo que pensó que iba a venir: una goleada.
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Pero el Sevilla no arrancó. Se volvió discontinuo al cuarto de hora y ya no volvió a recuperar las buenas sensaciones. Su inseguridad en el Pizjuán resulta inexplicable. Es un equipo vulnerable incluso ganando. El Almería se dio cuenta pronto y cuando se le pasó el susto por el primer gol advirtió que el Sevilla no se comía a nadie y fue a por él. Lillo, buena visión, metió a Crusat entre líneas y la bala catalana hizo sufrir de lo lindo a Dragutinovic, al que sólo salvó su prodigioso momento de forma. Crusat lo intentó de todas las maneras posibles pero acabó desesperado. Especialmente con Mateu Lahoz, que tuvo un par de decisiones límite. La primera, cuando el mismo Drago, ya con una amarilla, metió su codo en la cara de Crusat. La segunda generó tres segundos de silencio de luto en Nervión. Corona entró en el área con el balón cosido al pie y Dragutinovic se cruzó. No quedó claro si fue penalti o no, el caso es que Mateu, el árbitro que deja jugar, tampoco fue de valiente.
Jiménez debe hacerse ciertas preguntas. Especialmente, cómo su equipo puede convertir cada partido en casa en un infierno. Fue una tarde de perros para el Sevilla, que resolvió con la ayuda de los elementos. Ese charco provocará más de una pesadilla en Acasiete y Lillo, pero el tolosarra debe estar contento. Su equipo tiene un plan. El Sevilla necesita tener a toda la tropa para sentirse seguro. Al menos eso transmite. Y no debería ser así.



