No me chilles que no te veo
Zaragoza y Xerez se dan la mano hacia el abismo. Ninguno tuvo fútbol ni remate. Jorge López falló un gol hecho. Suazo no se metió en el encuentro

El empate retrata a dos condenados. José Aurelio Gay quiere sostener en alto la bandera, pero está hecha jirones: confía en que su equipo mejorará poco a poco; no es seguro que haya tiempo para esa frecuencia. Mientras el Zaragoza se deshacía en un juego de conducción, frustrante desorden y escasez en el área, el Xerez reiteró su línea: aseo en la inocuidad de su toque, vacío arriba (Mario Bermejo va camino de un monasterio) y el celo de Gioda atrás. Otras veces anda más veleidoso, pero ayer el argentino reunió compostura frente el rotundo enemigo chileno llamado Suazo. Al menos varió el final azulón: empate tras una fila de derrotas. El Zaragoza sale más dañado, por el teorema de las expectativas: no pudo siquiera contra diez, después de que Mateu expulsara a Víctor Sánchez (54') en una decisión equivocada. La Romareda revoleó pañuelos y a la salida hubo un principio de ebullición popular. Todos escenarios ya conocidos.
El Zaragoza no puede exigir comprensión. Lo único que puede reclamar es tiempo, apoyo y, ayer, un penalti de Mendoza por mano que el árbitro no consideró. Eliseu pidió otro porque Moreno le cruzó un brazo en el pecho, pero hubiera sido demasiado; y Ander (que tocó con mano involuntaria un balón en su área) mezcló a Bergantiños en otra caída confusa que Mateu resolvió con amarilla al zaragocista. Ander juega al fútbol con la pelota y a la guerra psicológica con el cuerpo. Es un consumado especialista del incordio, de los que provocan en el rival una oscura tentación agresiva. Su fútbol en el medio está repleto de contradicciones: suma muchos valores, mientras crece la impresión de que debería jugar adelante. Ahí donde el Zaragoza sufre un problema de conexión creativa que no resuelven ni López ni Ponzio ni Lafita ni Eliseu ni Pennant.
Caída libre. El partido tiene efectos devastadores para el Zaragoza y para la credibilidad de José Aurelio Gay. El equipo aragonés está a tres puntos de la orilla, pero cada domingo da la impresión de alejarse más de los niveles de supervivencia. Mientras, los efectos se multiplican: el rival siempre parece mejor de lo que es; crece el desorden y no mejora el ritmo; y la caída de futbolistas en el lado oscuro no se detiene. Lafita ya es un ejemplo preocupante; Jorge López, un caso perdido; Ponzio libra una batalla confusa; Diogo equivoca lo que quiere con lo que puede o debe hacer... Y algo más: si Ayala se tiene que ir, uno se pregunta en qué frontera habría que poner a Babic.
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El Zaragoza pudo agarrarse a la inferioridad del Xerez, pero ni Gay ni su equipo supieron cómo hacerlo. Suazo se movió con pesadez, no encontró espacio ni balones en el área, salvo uno que mordió de zurda, y usó de modo deficiente los que tuvo fuera. Acabó cambiado por Arizmendi, el delantero sin gol que provocó su fichaje. El madrileño y Eliseu no se pusieron de acuerdo para el turno de cabezazos. Uno se pregunta si Braulio no debía estar en el banquillo para buscar los centros del desprolijo pero intenso Pennant; o si no debió Gay juntar a dos en el área; o si Jarosik no podía ir al remate como el Piqué de Guardiola. Esas preguntas caen del lado de Gay, quien dijo que cualquier otro hubiera hecho sus cambios. Una afirmación indemostrable.
El Xerez jugó sin complejos, como suele. A la espera de Gorosito, Poyatos tuvo a su equipo bien puesto. Cedió la pelota al Zaragoza, pero sin apuros. La suya no pasa de felicidad de menesteroso, pero pudo ser más en un cabezazo cruzado de Momo al inicio. Luego cedió ante el excelente Jarosik, central que conoce el oficio y sus territorios. El checo ganó cada pleito y enseñó dos pies bien ordenados. En el lado opuesto, Gioda se las vio con el arsenal de invierno del Zaragoza. Y salió campeón. Si llega a embocar un coronillazo que salió alto hubiera culminado su estupendo partido. Lo mismo le ocurrió a Jorge López, pero al revés: para coronar una tarde insustancial, tiró al limbo un gol que venía hecho.




