Liga Adelante | Las Palmas 0 - Real Murcia 3

Destrozo del Murcia

En veinte minutos liquidó a Las Palmas con tres goles

<b>CONTRASTE. </b>Alegría del Murcia ante la resignación de Miguel García y David García. Así se resume el choque de ayer.
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No hubo partido en el Gran Canaria. O abuso del Murcia, según se entienda. A los veinte minutos ya lucía en el electrónico un 0-3 demoledor, imprevisible en todos los foros porque ni la Unión Deportiva estaba para atropellos ni el visitante anunciaba semejante riada. Pero el caso es que el Murcia saneó muchos de sus complejos con un festín algo desproporcionado. Ganó con justicia porque cuestionar la propiedad de los puntos sería una impertinencia. Eso sí, llegó todo tan comprimido que ni en los rostros de los protagonistas felices podía disimularse cierta sorpresa ante semejante bendición. A partir de entonces, todo lo que se vio fue puro saldo, tortura de las buenas para los que iban por debajo y un recreo delicioso en la acera grana.

Remar con tres golpes en contra a las primeras de cambio exige demasiado. Y ayer a Las Palmas no le alcanzó. Puso lo que pudo, que ya es decir, y, por ahí, ha de reconocerse cierto mérito y bastante orgullo en los futbolistas de Kresic, algo enteros tras la tempestad. El análisis del Murcia también está condicionado por su acelerón criminal cuando muchos no calentaban butaca. Salvó alguna aproximación peligrosa al área de Alberto con 0-0 empujado por la suerte que luego le llegó a devastar todo lo que pilló por delante. Después, celebraciones, abrazos, anestesia a la función y una vitamina psicológica que le puede venir de maravilla para salir del lío si gestiona como debe esta exhibición de oportunismo.

La Unión Deportiva, impecable en 2010 hasta que llegó el Murcia y su rodillo, apenas ofreció muestras de las credenciales que le habían llevado a ilusionar a su gente. Mucho castigo en pocos minutos. Cierto. Pero desde el inicio destiló una tendencia al alboroto que hizo al contrario creer en el saqueo. Pudo cobrar ventaja el anfitrión en los segundos iniciales. Por acierto del portero rival y desviaciones en el punto de mira no llegó el premio y toda la fortuna enfocó ya al Murcia sin límites. Pedro, Iñaki Bea y Natalio descosieron a Las Palmas con saña, saciando la hambruna que arrastraban desde hacía un montón de jornadas.

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Hubo cambios, intentos, alguna acometida pimentonera que buscó más amplitud, protestas y gestos desesperados. Nada cambió. El Murcia se blindó a heroicidades y no toleró rebeliones. Eso sí, pocas veces encontrará el prado de orégano que le hizo prosperar en un compromiso que se presentaba afilado.

Para el derrotado queda otra moraleja: el tropiezo, por peculiar en sus formas, no desacredita el camino andado y que llevaba a barnizar de ilusión el porvenir. Así se habló en el vestuario, con las heridas aún abiertas. No siempre te partirán la cara de una manera tan cruel. Y menos en veinte minutos.

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