"Pasárselo bien está mal visto en fúbol"
Pep Guardiola y el que fuera escritor y guionista, Rafael Azcona, charlaron sobre la vida y el fútbol en verano de 2006.

En el verano de 2006 Pep Guardiola aprendía a entrenar cerca de Las Rozas, en Madrid. Se le veía con sus amigos escritores, periodistas o cineastas en los cafés y en los entrenamientos, y una vez aceptó encontrarse con un gran admirador suyo, el guionista (y madridista) Rafael Azcona. Mi compañero Jesús Ruiz Mantilla y yo mismo estuvimos con ellos en un asador.
La conversación era para una sección veraniega de nuestro periódico, El País. Azcona era madridista de los de verdad: una derrota de su equipo le dejaba noqueado, melancólico, durante días; y Guardiola tenía (y tiene) ante el fútbol el mismo sentimiento de pertenencia que tenía el maestro Rafael. Pero esta vez no iban a hablar de fútbol (aunque también), sino de la vida. En el caso de Guardiola, tenía cuatro años menos, y Azcona tenía ochenta años, y era uno de los personajes más importantes de la vida cultural española. Se nos quedaron muchas partes de la conversación fuera de aquella página. Hoy las rescato para AS:
Azcona: Te confieso que cuando yo iba al colegio, antes de la guerra, iba a un instituto de Logroño, que era zona de Franco. Y cuando empezó la guerra me enviaron a los Escolapios, como gratuito. A cambio de recibir enseñanza yo tenía que ayudar en misa. Pero yo no sabía responderle al cura- Y entonces había un equipo en el colegio; yo jugaba �¡te pido por favor que no te rías!� de medio centro. Jugaba y no tenía que pedir perdón por no responder al cura.
Guardiola: ¡Ahora entiendo, querían juntar a dos medios centros en esta entrevista!
Azcona: Pero yo jugaba ahí porque notaban menos que no la pasaba bien. Encontraba muchos más espacios libres. Tú le dabas y cayera donde cayera la culpa era del otro.
Guardiola: Yo también fui monaguillo. Venían a buscarme a casa y me tocaba muchas veces a las ocho de la mañana. Pero yo sí le respondía al cura. No sabía latín, claro, pero pasaba la cesta para que nos dieran monedas. Siempre me tocaba a las ocho de la mañana. ¡Y me podía el sueño!
Azcona: Yo quería escapar de aquella vida. Tenía un tío cuyos hijos todos estudiaban para cura. Eran cinco. Y yo le preguntaba a mi tío: ¿por qué no los haces practicantes o peritos en algo? Y aquel hombre me decía que era mucho mejor ser cura. Lo que trabajó ese hombre, la de tiempo que les hizo perder a mis pobres primos. Porque al fi nal sólo uno fue cura, la verdad. Supongo que tú no tuviste problema cuando le dijiste a tu padre que no querías ser más monaguillo�
Guardiola: En absoluto, y además en seguida me fui a Barcelona.
Azcona: Yo ya me creo que he sido mediocentro, porque me has tratado de igual a igual�
Guardiola: ¡Pero tú eres un gran escritor, qué demonios mediocentro, eso no vale para nada!
Azcona: Bah, esto de escribir sólo es ponerse. Necesitas un ordenador. Dentro del ordenador están todas las palabras, tú lo abres y las vas sacando. Hay mucha gente que se dedica a escribir que se da mucha importancia, pero es algo facilísimo. Antonio Machado prueba, en Juan de Mairena, una máquina de hacer versos, que es un cilindro con una manivela. Tú metes un artículo, un sustantivo, un verbo, y salen las nubes eran azules, las nubes eran�
Guardiola: ¡Eso de la manivela se le daría muy bien a David Trueba!
Azcona: Lo malo de escribir es intentar escribir bien, pero si tú escribes como hablas, con naturalidad, con frescura, sin pretender hacer literatura, creo que no es difícil�
Guardiola: Es muy generoso por tu parte pensar eso, pero no es verdad.
Azcona: Hablemos de otra cosa, pues. A mí lo que me gusta de la vida es comer, algo que está muy mal visto�
Guardiola: Es que parece que pasárselo bien está muy mal visto� Pasa con el fútbol. A mí me dicen que me pongo muy serio en las ruedas de prensa. Y es que me pongo tan trascendente y tan serio en parte por no crear la imagen de que soy feliz y de que he amado y amo tanto la profesión� Parece que fastidies al otro sólo por el hecho de ser feliz� Y muchas veces me he escondido
de algo para que no me vieran feliz� El otro día Jorge Valdano decía que parece que el que más corre es el más patriota, el que más esfuerzo hace es el mejor. A mí me gusta hablar de fútbol tanto como jugarlo, disfruto descifrándolo, analizar lo que hacen los veintidós jugadores. Eso es magnífi co, y si lo dices, que eres feliz con eso, te miran mal. Mi padre me pregunta ahora qué voy a hacer [después de estudiar para entrenador]; igual no hago nada, me dedico a levantarme por la mañana y decidir qué hago cada día; igual me dedico a gar al golf todo el día, a pasear.
Y mi padre, preocupado porque está mal visto que uno sea feliz sin hacer nada�
Azcona: Eso es porque nos han dicho que el dolor ennoblece, que hay que pasarlo mal� Y tú tenías que simular preocupación en las ruedas de prensa�
Guardiola: ¡Habíamos ganado cuatro a cero, habíamos dado felicidad a mucha gente, a los barcelonistas! Y, sin embargo, tenías que ponerte trascendente, no podías decir que tenías ganas de emborracharte. Donde más he disfrutado de las victorias ha sido en los equipos pequeños. En un grande ganas y es como si fuera tu obligación, no tu alegría. ¡Y cuando ganabas la Liga y ya al día siguiente te exigían ganar el próximo campeonato! ¡No veas cómo fastidia eso!
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Azcona: ¿Tú te acuerdas lo que decían de Kubala, que fumaba y bebía? ¿Y de Koeman, que también tenía una vida alegre? ¡Lo que decían de ellos!
Guardiola: Y parecía que siempre tenían que estar encerrados, tristes� Ahora cuanto más corren más profesionales parecen. Y todo lo que no sea vocacional no va a ningún sitio, Rafael. Te cuento algo: cuando eres pequeño y vas al colegio recibes la primera lección, la más dura, en el fútbol. Hasta que te mueras no sufrirás una humillación mayor. Son los de la clase los que eligen a los equipos, y sin decir nada, ellos van estableciendo quién es mejor o peor. Todos hemos vivido eso, y eso te deja marcado. Lo que pase luego en el fútbol es un juego comparado con eso.



