Ahogados en la pizarra
Deportivo y Valencia empataron en un partido táctico. Valerón, con un remate al larguero, tuvo la ocasión más clara. Villa, único peligro visitante.


El Deportivo soñaba con terminar el año en la Champions y el Valencia con asaltar la tercera posición del Sevilla, pues nada de nada. Blanquiazules y chés empataron sin goles en un duelo marcado por el rigor táctico y el orden de las pizarras, de esos que cautivan a los técnicos y mosquean a los aficionados.
La sensación del partido fue la de dominio del Valencia, pero lo cierto es que las ocasiones más claras, al margen del peligro que se huele cada vez que el balón acaba en Villa, fueron del Deportivo. Valerón, que volvía a la titularidad después de doce partidos, envió un buen remate de cabeza al larguero que pudo valer tres puntos de oro. La asociación del Flaco con Adrián fue de lo mejor del encuentro. Los dos fabrican, los dos ven espacios, pero a ambos les cuesta definir un mundo.
La noche empezó con tambores del pasado con la presencia de Djukic en la grada, que avivó recuerdos antes de que el balón comenzase a rodar. Aunque más reciente, la presencia como titulares de Manuel Pablo, Sergio, Valerón, Albelda y Baraja, fue otro guiño más a la historia, aunque también al presente de cinco viejos rockeros que se resisten con su fútbol a colgar la guitarra.
La primera clave del partido pasaba por la intensidad, que no dureza, y ambos equipos no fallaron en ella. Eso sí, la del Valencia más organizada, más eficaz. Con un fútbol de posesiones cortas, el plan ché consistía en robar, correr y esperar que apareciese Villa, que no es mal plan. Poco a poco el Guaje iba cobrando protagonismo, mientras que las delicatessen blanquiazules de Valerón y Adrián comenzaban a aflorar, aunque se quedaban en fuegos de artificio.
Las dificultades para maniobrar en ambas áreas era total, ganando las defensas y la rígida táctica a los ataques. En cuanto había un mínimo riesgo atrás... balón largo. El mensaje de Lotina y Emery era calcado: no forzar e intentar robar arriba para encontrar el peligro. Con todo, poco a poco el Deportivo empezó a encontrar alguna fisura en la roca ché. Primero un balón en profundidad de Filipe a Adrián, y luego un pase magistral de Valerón tras un control de película hacia el asturiano, crearon los primeros sudores para César. El asturiano del Depor, sin compañía arriba, buscó el gol con más obligación que fe.
Pero Adrián parecía empeñado en demostrarle al Guaje, su paisano y referente, que también tiene fútbol de quilates en sus piernas. Una buena jugada suya por la banda derecha terminó con un centro que el mago Valerón cabeceó al larguero. Con los papeles cambiados, el Deportivo creó la jugada de todo el partido que más cerca estuvo del gol.
El poco fútbol que había sobre Riazor llevaba a acordarse de Silva, Riki, Marchena, Lassad, Pablo Hernández, Juca... Ya saben, cuando algo no carbura, los mejores son siempre los que no están. Pero para vivir arriba, los equipos deben ser plantillas, y ahí la batalla debería de favorecer a un Valencia que sólo inquietaba a Aranzubía cuando Villa olía el balón.
La polémica.
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El segundo tiempo fue un calco del primero. Mayor presencia ché, con un dominio que no terminaba de hacer que Aranzubía se ganase el sueldo. El Depor parecía ir a remolque, pero al igual que en el primer acto, tuvo la ocasión más clara. Esta vez fue Sergio, que se encontró solo ante César en una jugada de estrategia, pero su cabezazo se marchó fuera con toda la portería para él.
El partido también tuvo su polémica, aunque la verdad algo light. La primera jugada fue un inexistente fuera de juego de Guardado en banda cuando toda la defensa valenciana salía tras un saque de falta. La sensación de peligro era grande, pero imaginar lo que hubiese pasado es eso, imaginar. La segunda es un posible penalti sobre Pablo Álvarez en un centro lateral. Hay contacto, hay forcejeo, así que, a gusto del consumidor. Ahí murió el partido y ahí murieron las metas inalcanzadas de ambos equipos para cerrar 2009. Lotina y Emery se van tranquilos de vacaciones, porque ayer, desde luego, triunfaron las pizarras.



