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Munúa tumba a Aouate

Liga BBVA | Málaga 2 - Mallorca 1

Munúa tumba a Aouate

Munúa tumba a Aouate

El portero hebreo falló en los dos goles del Málaga. Cabezazo al larguero de Casadesús con 1-1. Los de Juan Ramón Muñiz ganan 13 jornadas después.

El Málaga respira y baja de la nube al Mallorca. Desde el 30 de agosto, el conjunto entrenado por Juan Ramón Muñiz no sumaba de tres en tres. Trece jornadas sin ganar y cinco empates consecutivos le habían metido de cabeza en la boca del lobo. Y ayer se liberó y de paso frenó los sueños bermellones de acabar este extraño año 2009 en puestos de Champions. ¡Quién se lo iba a imaginar! Con los follones que han tenido, con esas filtraciones teledirigidas a propósito del pastizal que ganaban su entrenador y otros empleados, y resulta que es un equipo unido y fortalecido... aunque ayer falló por mor de una desdichada tarde de su portero internacional israelí Aouate.

Todo el mundo recuerda el incidente que el hoy portero del Mallorca tuvo con Gustavo Munúa cuando ambos pertenecían al Deportivo. El puñetazo del charrúa y la intrahistoria que lo motivó dieron la vuelta a España. El público de La Rosaleda empezó a corear "¡Munúa métele!" en referencia al mencionado lance. Y paradojas del destino, Aouate se descentró. En su descargo conviene decir que tuvo mala fortuna con las circunstancias que propiciaron los dos goles del Málaga.

En el minuto 23, un sencillo balón aéreo llega a las inmediaciones de Aouate. El hebreo tiene controlado el balón, pero de manera rocambolesca choca con Ramis. El esférico se le va de las manos y Fernando, atento a la jugada, aprovecha la ocasión para anotar el 1-0. Es el tercer gol que consigue el '8' del Málaga en lo que llevamos de temporada. Ni que decir tiene que el público enloqueció.

El Mallorca estaba atontado. Nadie era capaz de sostener el ritmo impresionante de Pep Martí. Realizó un partido extraordinario. Estuvo en todas partes. Corrió, se multiplicó, tapó, cortó balones, dio pases de gol... lástima que sus compañeros, mayoritariamente, no le siguieron la corriente. Fue el Pep Martí que deslumbró cuando estaba en el Sevilla.

El Málaga inició el segundo acto arrasando. El Mallorca estaba tocado, fuera de sitio, inofensivo, sin chicha ni limoná. Pero todas esas oleadas albiazules se desvanecían por lo de siempre. No hay un delantero que las enchufe. Llegar llega... pero no remata. Y si no se remata no hay goles. Por eso busca un '9' en el incipiente y socorrido mercado de invierno.

Pero en una jugada aislada, el equipo de Gregorio Manzano trajo la zozobra a la parroquia local. Minuto 55. Julio Álvarez (jugador defenestrado por Hugo Sánchez en el Almería y que ahora triunfa en la Isla de la Calma) se encontró con un balón suelto en el borde del área. Nadie se molestó en entarle y en esa décima de segundo, se sacó de la chistera un derechazo que hizo inútiles los esfuerzos de Munúa. 1-1. Vuelta a la tortilla. Vuelta a empezar. Canguelo en la Costa del Sol.

Y sin hacer nada, el Mallorca se encontró con tres clarísimas ocasiones de ponerse por delante en el marcador. En dos de ellas apareció el extraordinario y felino Munúa, y la tercera fue de Víctor Casadesús. El balón dió en el larguero.

Pero cuando peor lo tenía el Málaga, el público retomó la cancioncilla de moda. "¡Munúa métele!". Talismán. Llegó el minuto 81. Centro de Obinna que Forestieri remata de cabeza. La verdad es que el cabezazo fue tirando a malo. Lo normal era que Aouate atrapase el balón sin problemas, pero ¡mire usted por donde! el esférico botó en una zona de tierra del infame césped de La Rosaleda. Esto despistó al cancerbero mallorquinista. El cuero se alojó amorosamente en el fondo de las mallas. 2-1. El público no se lo creía, pero saltó alborozado. Ni que decir tiene que volvió a entonar la cancioncilla de la tarde. "¡Munúa métele!".

Y Munúa fue quien salvó los muebles. En el minuto 93, tiempo de prolongación realizó una doble parada a Webó y Aduriz. Paradones de verdadero crack. Parece que el árbitro había pitado fuera de juego, pero en esos instantes el uruguayo hizo su trabajo con presteza por si al colegiado le daba por arrepentirse. No hubo más. La suerte estuvo con quien la mereció. Con quien más la necesitaba.