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La gran 'quicada': el ascenso granota del 63

Defendió un año la portería del Decano y 14 la de Barça y Valencia. Destacado arquero, pasó a la historia por sus extravagancias. No le fue peor como técnico: llegó al Levante en 1963 para subirlo a Primera y, un año después, firmar la mejor temporada en la élite de los azulgrana.

Jesús Mínguez
Nació en Guadalajara en 1973. Licenciado en Periodismo por la Complutense. En AS desde el año 2000, es redactor jefe de Más Deporte. Ha cubierto cinco Juegos Olímpicos y unos Paralímpicos, Grand Slams de tenis, Davis, Laureus, candidaturas olímpicas, política, dopaje o grandes combates de boxeo. Le gusta escribir de deporte y también practicarlo.
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Manuel Preciado y 'Mané' se convirtieron en su día en dos destacados técnicos dentro de la iconografía levantinista aunque el primero en inscribir su nombre en la lista de los escogidos fue, sin lugar a dudas, Enrique Martín. O, simplemente, Quique. Junto a Ramón Balaguer, el secretario técnico que apostó por él en la campaña 62-63, rubricó la primera gran gesta del levantinismo, con permiso de la Copa de la República de 1937: el ascenso a Primera. Lo que tantos años había soñado el Decano lo consiguió de la mano de alguien tan peculiar como eficaz dirigiendo al equipo.

El propio Quique explicó a AS cómo fue su llegada al Levante, al que también defendió en la portería en la 57-58. "El año anterior había entrenado en Tercera al Manises y éramos primeros; yo le dije a Balaguer que no había entrenado en Primera aunque todos tenemos nuestro librito. Me hice cargo el primer partido de la segunda vuelta, cuando Lelé, que era el técnico que estaba en la primera, se enfadó tras perder en casa ante el Murcia y se marchó. Estuvimos a punto de ascender directos pero empatamos en la Condomina", recuerda. El técnico también evoca los enfrentamientos con el Depor, a quien se midieron en la promoción de ascenso a Primera pero también en la en Copa. "Quedamos 2-1 y 2-1 y jugamos el desempate en el Santiago Bernabéu. En Madrid quedamos 3-0. Luego, en la promoción, le ganamos los dos partidos. Derrotamos al Coruña en los cinco partidos. Nuestro equipo estaba muy bien ensamblado. No estaban las figuras a veces respondonas de ahora".

El que fuera entrenador nos habla de las características de aquel Levante. "Calpe iba sobrado, corría toda la banda, centraba muy bien... Domínguez tenía mucha clase, Wanderley era resolutivo y práctico, Valls y Serafín incisivos, que atacaban y tiraban muy bien a puerta...", indica Enrique Martín. "Ramón Balaguer, el secretario técnico, era un hombre raro, muy solitario, pero no discutíamos nada. Ése sí que era un hombre de fútbol. Los directivos no entendían nada y él lo llevaba todo", recuerda. "Nos llamaban el 4-4. Empatamos en Barcelona, el entrenador era Kubala. Empezamos 3-0 a favor de ellos y luego igualamos. En Zaragoza, con Ramallets de entrenador, íbamos 4-3 y Currucale metió el cuarto. Hicimos varios partidos así y jugando al ataque. Íbamos a disfrutar".

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El Levante, en su primer año en Primera, firmó una trayectoria brillante. Y, como ejemplo, sólo quedó cinco puntos por debajo del Valencia y dos menos que Atlético y Athletic, en la décima posición. Pero eso no conllevó su continuidad en el conjunto granota. "Tras la 63-64, en que quedamos bien clasificados, la directiva me dijo que ya me contestaría. Yo quería un contrato para dedicarme a esto. Entonces, de Madrid, me llamó un agente llamado Guijarro y me hizo una oferta el Oviedo. Cené con su presidente y luego me fui al Levante. Hablé con Blas Escrich, el único en el club que no era familia mía. Fui a una reunión en que estaba Clérigues y les enseñé el contrato del Oviedo".

Genio y figura. De la mano de Quique, el Levante vivió dos de los años más bonitos de su historia. Su marcha coincidiría con la caída en picado a nivel deportivo, con un club acuciado por la crisis económica.

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