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Cristiano devora a Cristiano

Liga BBVA | Real Madrid 4 - Almería 2

Cristiano devora a Cristiano

Cristiano devora a Cristiano

Asistió, falló un penalti, marcó y, al final, provocó su expulsión. El Madrid dio vida al Almería tras una buena primera parte. Higuaín fue clave

La absoluta influencia de Cristiano Ronaldo en el presente del Real Madrid y en su futuro inmediato quedó ayer demostrada por si cabía alguna duda. Anoche Cristiano hizo todo cuanto se puede permitir un futbolista y en ese afán recorrió toda la gama de colores hasta finalizar en el rojo: asistió en el primer gol, provocó un penalti con el partido empatado, lo falló, marcó el cuarto tanto y, a dos minutos del final, fue expulsado.

Si su cuerpo se movió, en alternancia con Higuaín, por los terrenos del delantero centro, su ánimo transitó, sucesivamente y en diferentes fases, por la ansiedad, la euforia y la frustración. Sin reposo. Así, en el minuto que cabe entre el penalti pitado y el remate de Benzema, Cristiano pasó de la alegría a la decepción y acto seguido al ego herido, de ahí que le costara tanto levantar los brazos.

Su expulsión es la respuesta al manotazo que recibe en la cabeza, pero la jugada nace con un aplauso y con la necesidad de salir del enjambre para corresponder a la gentileza. Es entonces cuando se cruza Ortiz. Otra vez el ansia, la euforia y la frustración.

El mensaje positivo es que el día en que Cristiano fue ángel y demonio el Madrid ganó 4-2. Una goleada tan oscilante como el ánimo del genio, pero goleada, al fin y al cabo. Y una evidencia: este año el Madrid será lo que sea Cristiano, lo que pueda, lo que quiera, hasta donde alcance. Tampoco es mala perspectiva, si lo piensan.

No me olvido ni de Higuaín ni del Almería. Tampoco de Pellegrini. Su planteamiento funcionó durante la primera parte. Van der Vaart brilló en el papel de Kaká y Cristiano se comportó como un delantero participativo, atento a desmarques y paredes, tan pendiente del juego que parecía organizar el barco desde la proa. El primer gol es prueba de su dominio: escorado a la derecha, bajó un melón y colgó un caramelo. Sergio Ramos saltó con plinto y cabeceó como un guerrero.

Antes y después se contaron hasta media docena de buenas ocasiones del Madrid y las que no se marcharon fuera por centímetros las paró Alves por reflejos. No se aburre este portero. Del Almería, hasta el descanso, ni rastro.

Luego sobrevino el habitual desmayo local. Sin que se sepa cómo, Soriano marcó después de dos rebotes. Y no hubo mejor explicación para el gol de Uche, exquisito, eso sí, en la definición.

Pipita. Cuando el Almería rondaba el tercero, apareció Higuaín para hacerse perdonar una primera mitad tirando a obtusa. Su gol fue de los que se construyen en una baldosa y el prodigio es que Higuaín no cabe en una baldosa.

Luego se desató el huracán. Primero llegó el penalti a Cristiano (más dudoso que uno anterior) y el rechace de Alves que convirtió Benzema. Poco después Higuaín corrió la banda para asistir a Cristiano, que lo festejó tan exultante que se salió de la camiseta. El árbitro no entendió la sutileza y le mostró la correspondiente amarilla.

Y con todo hecho, con el triunfo firmado, el último enredo. Cristiano, autor de todo lo anterior, lo fue también de su ejecución. Oigo decir que un mal día lo tiene cualquiera. Pero no es cualquiera quien marca y asiste en un mal día.