Doctor, tómeme el pulso
Osasuna medirá hoy el estado de salud del Zaragoza.

Cuando el Real Zaragoza se enfrenta con Osasuna le crece al aficionado aragonés un orgullo reflejo, que no tiene tanto que ver con una rivalidad bastante discutible (salvo entre los extremistas) como con el deseo de que el Zaragoza imponga su cultura de juego elaborado, sobre los valores raciales que han definido -con muchos matices, desde luego- el fútbol tradicional de Osasuna. Uno, sin embargo, no puede estar seguro de nada a estas horas.
Al Zaragoza le va creciendo dentro en las últimas semanas un tipo de juego no sólo prosaico, sino además ineficaz. Algo mucho peor. Un rival aguerrido como el equipo de Camacho supone una prueba de salud, como ir al médico de familia y pedir que te tomen el pulso. Marcelino defendió la errática trayectoria de las últimas semanas con el argumento de que el Zaragoza ha perdido sólo uno de sus últimos cinco partidos. Como truco dialéctico estuvo bien. Pero seamos serios: tres empates contra el Málaga no dan para endurecer el pechito en esta tierra.
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Secundarios.
El partido exhibe el intento de dos equipos por retomar el timón y corregir rumbo. Vienen algo tocados por los últimos marcadores y esa necesidad, más las notables bajas que manejarán ambos entrenadores, van a poner el campo más pesado de lo que pueda estar. Pendiente de Ewerthon (o pendientes los demás, en realidad, de su decisión), Marcelino oculta su dibujo por si puede ganar algo de terreno. Osasuna habrá de rehacer el ataque con Masoud por afuera, el medio con Ruper y la zaga con Sergio. La respuesta de los actores secundarios puede definir el choque.




