El Huesca coge oxígeno y sale del descenso
Un gol de Echaide en el último minuto tumba al Albadcete

Está visto que va a ser en la actual temporada donde vamos a ver auténticas batallas en El Alcoraz. Conmemorando el noningentésimo tercer aniversario de dicha contienda, el Huesca salió decidido a emular a los guerreros aragoneses que se batieron el cobre hace casi mil años en el mismo enclave. Imbuidos por su fuerza, los futbolistas azulgranas creyeron en sí mismos hasta el final y lograron un triunfo totalmente merecido que les saca, esta vez con toda seguridad, del descenso al final de la jornada.
El rival engañó a todos. Es inadmisible que un equipo que atesora tanta calidad en sus futbolistas ofreciese el lamentable y patético esperpento que perpetró en el vetusto coliseo azulgrana. Las medidas no son excusa y el césped, en buenas condiciones. Los manchegos podrían haber enviado la pierna derecha de Verza al Altoaragón y habría sido suficiente. No hubo más en todo el partido. Sin noticias de Stuani y con Salva más preocupado de pegarse con Corona y perder tiempo.
Los quince primeros minutos fueron del Albacete, con tímidas llegadas pero con más posesión y mando en el partido, pero los visitantes se diluyeron ante un Huesca que borró del campo a su rival. Así estaba el partido cuando Vicente Pascual, que había tenido que acudir al verde por la lesión de Jose, se inventa una grieta en la banda derecha y sirve para que Rubiato la pifie y Rico, muy astuto, empuje a las redes de Notario.
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No obstante, ya dijo Calderón que a perro flaco todo son pulgas, y en un magistral lanzamiento tras una falta inexistente, Verza igualaba el encuentro a los cinco minutos de la reanudación. Parecía que el Huesca se iba a descomponer, pero entre que los azulgrana no cejaban en su empeño y asediaban a Notario desde la esquina, y que el Albacete exhibió todo su repertorio de malas artes y anti-fútbol, el balón vivió casi todo el tiempo en campo manchego.
La absurda y merecida expulsión de Salva, además de la de Alberto, y la fe de los azulgrana, que colocaron a toda la artillería disponible en el área rival, obraron el milagro. En el descuento, un balón rechazado dentro del área fue a parar a Echaide, que no se lo pensó fusilando a un incrédulo Notario y a un Albacete que obtuvo un justo castigo a su racanería. Ganó el que más lo necesitaba y el que más lo mereció. El fútbol, esta vez, fue justo.



