Liga BBVA | Tenerife 2 - Málaga 2

Castigo a la inocencia

El Tenerife, falto de oficio, desperdició un cómodo 2-0 a favor. Javi López, enorme, culminó la reacción del Málaga. El empate sirve de poco a ambos.

<b>ÍMPETU SIN FRENOS. </b>Dani Kome pelea con el delantero malaguista Mtilinga para hacerse con la posición en el terreno de juego ayer en el Rodríguez López.
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Atascado y sin suerte, el Tenerife agravó aún más su situación clasificatoria y su crisis de confianza con un resultado que sólo satisface al Málaga por la forma en que lo consiguió. El duelo de urgencias -así está el fútbol, que las necesidades afloran en la jornada diez- se saldó con un empate que parecía difícil presagiar cuando los locales se pusieron por delante con una renta ostensible, de dos goles, suficiente para que cualquier conjunto con oficio y más estabilidad supiera abrasar los puntos y sentenciar al colista. No lo lograron los de Oltra y deben preguntarse las causas, más todavía porque las facilidades que disfrutaron fueron extremas. A la distancia que dibujaron en el marcador merced a los aciertos de Román y de Alfaro hay que consignar que era el momento propicio para, al fin, brindar una tarde plácida y de comodidades al Heliodoro. No sólo estaba bajo mínimos el Málaga, sino que venía como colista y además recibió dos latigazos que debieron de ser letales. Un detalle: vieron amarilla los dos centrales visitantes y desde entonces apenas les causaron apuros. Si no hay candidez en el Tenerife, lo parece.

El partido empezó con avisos de parte y parte. Querían el dominio los dos equipos y así lo evidenciaron con síntomas flagrantes de pretender domesticar el balón, acercarse a las porterías y probar fortuna. Trató de encontrarla Nino en un duelo a solas con Munúa, pero el árbitro vio fuera de juego. La próxima advertencia fue de Mtiliga, si bien disparó con intención pero fuera. Transcurría el choque entonces sin dueño, y llegaron los goles. El primero, nacido en otra exquisitez de Omar -con bicicleta incluida- que alimenta los elogios para el tinerfeño y corrobora su momento dulce de fe en su fútbol. Cree él, y creen en él. Fue tan precioso como preciso su servicio de ayer para Román, quien aprovechó y marcó.

Casi no tuvo tiempo el Málaga para digerir el primer mazazo cuando le llegó el segundo. Fue Kome quien asistió y Alfaro quienel que remató, todo ello después de que un activo Nino pusiera a prueba los reflejos de Munúa, que había repelido de puños. No había ni cruzado el partido por el umbral de la media hora y ya eran dos los errores defensivos visitantes que se había cobrado el Tenerife, primero para ponerse por delante y luego para distanciarse en el marcador. Difícil de presagiar era cualquier otro resultado que la victoria, así que se preparó el Heliodoro, entonces entregado, para celebrar lo que venía. Pero lo que venía, lejos de ser alegría, fue un hachazo. A la ilusión local y también a cualquier atisbo de estabilidad a un partido que se volvió loco. No es tolerable que en casa y con una renta tan amplia se permitiera el cuadro de Oltra una concesión como la que hizo al Málaga. Para desquiciamiento el banquillo local y alivio visitante, sucedió que dieron los canarios a los andaluces una oportunidad de oro, de las que no abundan. Para marcar, sí, y para enchufarse al partido. Una situación de superioridad para los de Muñiz permitió a Obinna y luego a Edinho fusilar a Aragoneses, lo cual consiguió el brasileño, a placer. Fue éste uno de los pecados capitales del Tenerife. Siendo un equipo limitado, dado a los malabarismos -Juanlu jugó de lateral- y con problemas monumentales a domicilio, los regalos deberían estar prohibidos. Ahí, y luego el partido lo demostró, estuvo la clave.

No es que se creciera el Málaga, que también, sino que se ajustó tanto el marcador como para dar pie a la sorpresa. Cierto es que el gol siguiente pudo llegar en ambas direcciones, pero lo hizo justo en contra del Tenerife en el momento más inopinado. No se produjo la igualada ni en las dos primeras acometidas de los foráneos en la segunda parte (una gran jugada que dejó sin culminar Duda y una acción individual de talento y desparpajo del canterano Javi López, luego el gran protagonista). Tampoco vino el 3-1 ni en un penalti que debió señalarse sobre Alfaro ni en varios ensayos consecutivos a portería del propio onubense, de Nino y de Román, en pleno asedio tinerfeñista. Pero sí que llegó el 2-2 ahí, cuando el partido parecía muerto y visto para sentencia.

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El detalle. Minuto de silencio por erasto

Los jugadores del Tenerife llevaban crespones negros en recuerdo al ex futbolista blanquiazul Erasto León, recientemente fallecido, por lo que se guardó un minuto de silencio. Los espectadores presentes en el coliseo blanquiazul respetaron el protocolo secundando a los protagonistas en el terreno de juego y rindieron el homenaje silencioso que merecía una figura emblemática del balompié canario que dejó un excelente recuerdo tras su larga y fecunda carrera deportiva.

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