Liga BBVA | Zaragoza

El ridículo genera una peligrosa onda expansiva

Una cosa era perder en el Camp Nou, y la otra caer en un ridículo 6-1 que ha reanimado entre la afición los fantasmas de los peores días. Mientras el equipo queda a dos puntos del descenso, la goleada, la imagen y las decisiones de Marcelino agudizan la tensión entre el técnico y el club.

<b>CABIZBAJOS. </b>Los jugadores de la plantilla del Real Zaragoza, durante la sesión de entrenamiento de ayer en la Ciudad Deportiva.
Mario Ornat
Actualizado a

En el fútbol, un partido borra otro partido, pero esa regla tiene excepciones cuando lo que hay que negar es la onda expansiva de un bombazo como el del Camp Nou: puede que el partido contra el Málaga recorte la vigencia del resultado del Camp Nou pero, puertas adentro del club y también entre la afición, la goleada le hecho mucho daño a la credibilidad de Marcelino, ha multiplicado el desánimo entre la hinchada y ha reabierto entre el entrenador y algunos de los máximos responsables del club una herida ya veterana.

Fue el marcador más contundente recibido por el Zaragoza desde noviembre de 1992 y tal vez el instante más bajo en la popularidad de un entrenador, al que acompaña el aval de su corta trayectoria y el aura del ascenso. Sus decisiones antes del partido (la ausencia de Ayala en la lista, la suplencia de Lafita, el mensaje de rendición previo al choque), así como su actitud en la rueda de prensa le han costado mucho de su crédito.

Esas consecuencias se reparten entre la hinchada, ya pendiente del acecho de los puestos de descenso, y desde luego en el club. Este tipo de situaciones tienen un efecto depresor peligroso. Los jugadores no se salvan de la crítica, desde luego: están en solfa la fiabilidad de Carrizo, la aportación de Pennant y su capacidad para conservar el puesto, la indolencia de Ewerthon, la dependencia del carácter de Ponzio o Ayala, la construcción de la defensa y la actitud general de desmayo. El club tampoco sale bien parado. No falta quien entiende la postura de Marcelino como un hartazgo derivado de la construcción de la plantilla, y se culpa a la política de fichajes de la entidad.

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Tensión.

El ambiente se ha enrarecido, y lo que en las primeras jornadas se entendió como un equipo en vías de mejora, con menos puntos de los que merecía, empieza ser interpretado como una peligrosa deriva. Al bochorno del Camp Nou se une la patética segunda parte frente al Racing. En lo institucional hay marejada, aunque nadie la va a convertir en un juicio público al entrenador. Aparte, el Zaragoza vive encastillado y sus únicas voces públicas (Bandrés habló brevemente al final del partido) son las rutinarias declaraciones del entrenador y la plantilla. Entre las más altas instancias del Zaragoza y el entrenador existe una tensión soterrada que ha vivido episodios críticos en este año y medio. El Camp Nou la ha removido. No como para una destitución; sí lo suficiente para generar un efecto pernicioso. Aunque su puesto no está amenazado, se multiplican en el club las voces críticas a los planteamientos de Marcelino, su gestión de asuntos internos y, desde luego, las decisiones meramente deportivas.

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