Multifútbol
Pellegrini no le coge el punto a su Madrid y Guardiola no se lo ha soltado todavía a su Barça. Lo demostraron el empate blanco en El Molinón y la victoria azulgrana ante el Zaragoza. Sevilla y Depor pincharon y el Valencia les toma el paso. Lo del Atlético parece más de exorcista que de médico. Le toca descubrirlo a Quique.


Arana: otra víctima del mejor Joaquín
Manuel Arana nos encantó ante el Barcelona y ayer, con su 1-1 in extremis, le desató un poco la corbata al cuestionado Mandiá. Engaña el apellido y también haber probado la elite en Santander, pero Arana no es vasco ni similar, sino más sevillano que el gazpacho. Se crió en el Betis de Lopera, que entonces era el Betis del mejor Joaquín, Figo de El Puerto, niño de Corea. Allí no había sitio para ningún otro extremo derecho, así que Arana se exilió a Castellón. Tras cinco años de recibir patadas en Castalia, Mandiá sorprendió llevándose a este semidesconocido al Sardinero. Ocho jornadas le han bastado para brillar a Arana, que ahora mismo no le envidia casi nada a Joaquín.
Canobbio dio un pase con ojos en la nuca
Último pase: se tiene o no se tiene. Hay futbolistas incapaces, como incapaces los hay en todas las profesiones, gente a la que le das un balón y parece que le diste un ovni. No es el caso de Canobbio, un tipo que nació para holandés, no para uruguayo, porque le falta sangre y le sobra clase. En el 1-0 del Valladolid ningún defensa deportivista sabía que Nauzet andaba pululando por el área. Canobbio, sin mirar siquiera, sí que lo sabía. Recibió en la medialuna y miró al este, pero la lanzó al oeste entre un mar de piernas. Nauzet la recibió, hizo gol y nosotros aprendimos algo: Canobbio jugaría al fútbol sin ojos, pero a lo mejor tiene cuatro. Dos de ellos, en la nuca.
Kameni ya lleva calzón, pero se parece a N'Kono
Nervión maldice aún a Kameni, héroe que tras amargar al Sevilla confirmó lo que viene apuntando con un gran inicio de campaña: está cerca de la madurez. Sé de españolistas que se mosquearon cuando hace unos dos años el portero camerunés abandonó el pantalón largo por uno corto. Más que un cambio de look, muchos pericos vieron en el gesto una traición a N'Kono, compatriota de Carlos, ídolo de Sarrià, mejor portero africano de la historia. El caso es que a Kameni no le sentó nada bien ponerse calzón. Comenzó a cantar demasiado. La gente pensaba que se había estancado, que nunca haría justicia al mito de La Pantera Negra. Tal vez faltó paciencia pues el puesto de portero, más que ningún otro, necesita muchos minutos de cocción. Kameni sólo tiene 25 años todavía... Y cuando N'Kono llegó a Barcelona, en 1982, ya había cumplido los 26.
Rafael Laporta
El Madrid agotó el choque de El Molinón colgando balones al área de Juan Pablo, con Van der Vaart convertido en bombardero de urgencia. Y casi hace gol. Menos mal, dirán algunos, que Rafael no se marchó en verano. El equipo de Pellegrini no dispone de laterales zurdos con virtudes defensivas (Marcelo y Drenthe no dan el perfil; Arbeloa es diestro); echa de menos algún extremo más de esos que desbordan pegados a la cal (¡ay, las bandas); encima, su único nueve puro, Van Nistelrooy, anda lesionado (¡ay, Negredo) y con 33 años todos tememos que sufrirá más con las lesiones. Traspasado Sneijder, el gran especialista en poner balones de peligro se llama Van de Vaart. Dicen que los días del holandés en Chamartín están contados, pero alguien debería replantearse lo de venderle en el mercado invernal.
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El personaje: Ibrahimovic
Dos tantos y una asistencia más en el haber de Ibrahimovic, pichichi (siete goles) junto al infalible Villa. Pasan las jornadas y el sueco continúa quitando razones a sus detractores, los mismos que pronosticaban, a finales de agosto, que cambiar al sueco por Etoo y un dineral iba a significar el mayor error deportivo de la era Laporta. Cierto es, sólo hay que mirar los partidos, que Zlatan no presiona ni la mitad de lo que lo hacía Samuel, tan fundamental como se mostraba el camerunés en la recuperación del balón. Pero en aportación ofensiva va ganando Ibra. Más que un suplicio, pasarse tantos años en el Calcio le ha venido de perlas al sueco, forjada su potencia y su habilidad entre batallones de centrales. No existe mejor entrenamiento para un delantero que moverse en ese campo de minas del catenaccio, con cuatro o cinco defensas en la chepa. Ahora Ibrahimovic flota, más que corre, en un torneo donde hasta los más débiles (ejemplos claros: Xerez y Tenerife) juegan y también dejan jugar. Lo sabe gente como Laudrup o Roberto Carlos, que después de no comerse un colín en Italia pasaron a la historia del fútbol español.



