El Submarino se da una alegría
Un gol de falta de Capdevila sirvió para lograr el primer triunfo. Nilmar hizo el 1-0 y Luque empató. Los amarillos sufrieron, pero ya no son colistas.

Minuto 94. Velasco Carballo pita el final del partido y Joan Capdevila se arrodilla, resoplando. Todo un campeón de Europa toma aire después de haber ganado otra final, aunque bien distinta a la que disputó con España hace algo más de un año en Viena. Pero para él y para el resto de jugadores del Villarreal es casi igual de importante. Porque Capdevila no estaba acostumbrado a verse como colista de Primera. Ni Senna. O Cazorla. Por ese motivo, el Submarino tenía claro que el compromiso de ayer ante el Málaga, que llegaba penúltimo a El Madrigal, era a cara o cruz. Valverde también lo sabía. Y ahora es el Villarreal el que se da un respiro y coge fuerzas para remontar el vuelo a costa de un conjunto andaluz que lo intentó hasta el último suspiro, pero que estrena la condición de farolillo rojo de la Liga.
Como se podía imaginar, no fue un partido para enmarcar. Nada de fútbol preciosista, nada para la galería. Todo corazón y entrega hasta la extenuación. No quedaba otra. De inicio, fue el Villarreal quien arrancó más entonado. Lo hizo con un once marcado por las importantes bajas de Gonzalo, Pires y Cazorla, que obligaron a Valverde a darle la titularidad a Escudero. Precisamente, el argentino fue el más atrevido en el primer acto. Lo intentó con descaro siempre que cogió el balón, al igual que Cani, consciente de que, sin Cazorla, le tocaba tirar del carro. Suya fue la primera ocasión amarilla, pero se topó con Munúa.
Sin embargo, el meta uruguayo no pudo evitar en el 26' el primer gol del Submarino. Llegó tras una acción de Escudero por la banda izquierda, con un centro-chut que desvió Nilmar. Doble alegría para el brasileño, el fichaje más caro en la historia del Villarreal. Todavía no se había estrenado en Liga y su diana sonaba a reivindicación. Más aún tras comprobar que Valverde había optado de inicio por dejar a Rossi en el banquillo ante la falta de gol y el cansancio que acumulaba el delantero italiano.
El gol despertó al Málaga. Muñiz se había decidido por un once más ofensivo, con Obinna y Baha en la punta de ataque y con Luque como recambio de Duda en la izquierda. Sin embargo, los andaluces apenas habían entrado en juego, centrados en aguantar atrás para jugar con la ansiedad local. Así, no fue hasta el 32' cuando tuvo que aparecer Diego López para detener un tibio disparo de Baha. Escaso bagaje ofensivo para un equipo que veía cómo en el 35' a Nilmar le faltaba un palmo para firmar el 2-0 y sentenciar el encuentro.
Sin embargo, el destino le tenía reservado otro duro golpe al Villarreal. Si en Roma fue Rocchi quien hizo el 2-1 en el tiempo de prolongación, ayer apareció Luque en el descuento de la primera mitad para conseguir el empate. Lo hizo al rematar de cabeza un centro de Gámez. Tal vez, demasiado castigo para los amarillos, que habían controlado sin apuros el choque.
Gol y agobio.
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El paso por los vestuarios no rebajó la dureza del golpe que se había llevado el Submarino, que salió atenazado. El partido se había inclinado a favor del Málaga, que encontraba el camino para acercarse al área amarilla. Todo eso después de que Muñiz moviera el banquillo en los tres primeros minutos para quitar a Fernando y Juanito y dar entrada a Valdo y Xavi Torres. Había que ir con todo a por la victoria. No quedaba otra. Pero justo en ese momento emergió la figura de Capdevila. El catalán lanzó con inteligencia una falta desde la frontal, aprovechando que la barrera se abrió lo justo para poder sorprender a Munúa. Era el 2-1 que daba aire a un Submarino al que, desde entonces, le tocó sufrir el asedio malaguista.
No obstante, el dominio de los de Muñiz no se tradujo en claras oportunidades. De hecho, el Villarreal pudo sentenciar a la contra con un par de buenas opciones de Llorente y Javi Venta, pero estaba claro que había que sufrir hasta el pitido final. Con él, Capdevila respiró; el Villarreal también; y el Málaga se vuelve a casa como colista. Uno de los dos debía hacerlo.



