Goleada terapeútica
Las Palmas, con un Lamas estelar, aniquila al Alba.

En el fútbol, como en la vida, lo inesperado emociona. Y la Unión Deportiva proporcionó ayer un caudal de satisfacciones insospechadas a sus incondicionales. La goleada es colectiva pero los méritos de mayor calidad se deben a un particular: Andrés Lamas. El uruguayo, de manera inopinada, rompió en mil pedazos el partido con dos goles de cabeza casi seguidos. La hazaña del central goleador es la historia mil veces contada en el fútbol. Es el vivo relato del hombre que pasa en cuestión de3 horas del ostracismo a la gloria. Sergio Kresic lo rescató del fondo de la nevera debido a las lesiones y el favor fue devuelto con réditos multiplicados. El mejor cabeceador de Segunda División, según el auxiliar Diego Quintero, cimentó una victoria con barniz reparador para los suyos. Tras el terremoto con epicentro en la actuación estelar de Lamas, hubo un par de goles más de Álvaro Cejudo y Javi Guerrero. Fue el colofón a una tarde en la que el Albacete se descosió de forma anticipada con la expulsión de Cabrero en la primera parte.
Las incapacidades del grupo de Pepe Murcia, en el que sólo escapó de censuras Antonio López, se ilustran en que pisó de forma aislada el área de Pindado. La producción ofensiva se limitó a una ocasión en el primer minuto, la siguiente con un cabezazo de Salva Ballesta antes del descanso y la última, en la mitad del segundo acto. Mala cara tuvo durante toda la tarde el Albacete, que destensó los músculos con el 2-0 y un elemento menos en el terreno de juego.
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Hasta el primer gol se mantuvo una igualdad ficticia, basada en el intercambio de golpes sin energía, con muchos amagos que llamaron al engaño y también al bostezo. Los forasteros pretendieron el control embarullando la zona ancha, con el campo maltrecho como fiel aliado, mientras que los anfitriones buscaron aire en las prolongaciones de Rondón hacia la punta de ataque. Así, dando bandazos, estaba el partido cuando empezó la eclosión de Lamas. Entre su primero y segundo, Márquez, perseguido por la fatalidad, erró un penalti cometido sobre él mismo que le costó la roja a Cabrero. No hubo mala digestión en esta incidencia porque el central corrigió dos minutos después el desacierto.
Con el Albacete en plena depresión y jaqueca, Kresic desempolvó a los peloteros. Diego León, Guayre y Javi Guerrero, ávidos de minutos y protagonismo, se aliaron en un terreno de juego hecho una autopista hacia la portería del debutante Sergio Arenas y supieron divertir al personal con goles y jugadas de precisión. Los cuatro tantos despejan dudas y presiones en la acera local. Y de paso, envían un mensaje de esperanza a los descartados, algún día pueden llegar a ser Lamas.



