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El Zaragoza se conjura ante al espejo del Getafe

Tras desarbolar al Getafe y perder injustamente en el Calderón, el Zaragoza rumia un orgullo incompleto. El partido contra el Racing no es uno más, sino que es la opción de reafirmar las sensaciones. Opción y necesidad, porque a continuación toca visitar al todopoderoso Barcelona.

<b>EL GRAN DÍA. </b>Arizmendi celebra con Pavón uno de los tres goles al Getafe, el gran día del Zaragoza.
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En plena semana de fiestas del Pilar, con la ciudad alborotada por las calles y la Liga soterrada por los partidos internacionales, el Zaragoza trata de aislarse para no abandonar los raíles por los que venía echando humo. Con mayor suerte (Getafe) o menor (Calderón), Marcelino reconoce a su equipo. Ahora, en el reencuentro con su querido Racing y antes de visitar el infierno futbolístico del Camp Nou, quiere mostrar de nuevo la mejor versión del Zaragoza, cargado de intensidad y compromiso, con orden y juego. Hay una conjura: repetir el partido del Getafe para poder visitar al Barcelona con sonrisas y sin urgencias.

"Hay un gran compromiso y unión. Pero... deberíamos llevar bastantes puntos más: no los tenemos por detalles y eso genera insatisfacción", sostenía Marcelino en AS hace unos días. Ese sentimiento de orgullo incompleto eleva la importancia del partido contra el Racing. Las palabras del vestuario subrayan que el equipo da para más y merece más puntos, pero la realidad es la que manda. La derrota en el Calderón, seguramente injusta, aún escuece. Y el meneo al Getafe aún se paladea en la retina de La Romareda.

La mezcla de felicidad y rabia genera un hambre voraz ante el Racing. A sabiendas de que un traspiés generaría un ambiente de frustración y urgencia más que inadecuado para viajar al Camp Nou, aunque nadie dé por perdido ese duelo de antemano, claro. "La Segunda no motivaba a muchos jugadores; ahora la ambición es muy grande", admitía también el entrenador.

Fortaleza. Para crecer y situarse "entre los diez primeros", objetivo de este Zaragoza de Marcelino, La Romareda debería convertirse en inexpugnable, muy próxima a la tarde del Getafe y muy alejada de la del Valladolid. La plantilla se centra en la victoria ante el Racing, pero mira de reojo al Barca... y al Almería, próximo visitante de La Romareda. Un rival de entidad comedida, favorable a priori para que el Zaragoza pudiera enlazar tres victorias consecutivas como local.

Hacerse fuerte ahora en casa asoma como una virtud irrenunciable para el Zaragoza, que después de visitar al Barça y recibir al Almería deberá realizar dos salidas de forma consecutiva: Valencia y Málaga. Si hay algún estadio sencillo en Primera, seguramente no lo sean ni Mestalla ni La Rosaleda. En suma, el Zaragoza-Racing puede parecer un partido cualquiera, pero no lo es. Para Marcelino y los suyos, no.

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Este domingo, Marcelino se enfrenta a su más inmediato pasado. Los forofos del bar recordamos muy bien cómo hace dos años, durante la temporada maldita, contemplábamos asombrados la exhibición del Racing entrenado por Marcelino. Esa campaña fue crucial para consolidar el prestigio que el técnico había comenzado a forjar en el Recreativo y, por descontado, para que Agapito considerara que Marcelino era el hombre más indicado para devolvernos a Primera y, tal vez, para conseguir que el Real Zaragoza llegara a ser el equipo que algún día soñó.

Los argumentos que avalaban esa decisión eran dos: Marcelino se había revelado como un consumado especialista en hacer que equipos que no eran grandes jugaran como si lo fueran y, por otro lado, era alguien que, por su absoluta falta de relación y compromisos con la ciudad y el equipo, era perfecto para tomar decisiones sin que le temblara la mano. Este último factor fue fundamental para que Agapito desestimase la otra gran opción que rondaba su cabeza, la de Víctor Muñoz, con el que, en un gesto inusual, llegó a quedar en Lleida para explicarle por qué había elegido a Marcelino. Año y medio después, es evidente que Marcelino cumplió la primera parte del plan y que, luego, ha logrado generar un cierto ambiente de ilusión alrededor del equipo. Ante el Racing, tiene una ocasión estupenda para consolidar esas buenas sensaciones. Y, de paso, para recordarle a la afición del Racing lo mucho que se perdieron.

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