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"Gambetear puede parecer arriesgado, pero yo lo veo fácil"

Juan Pablo Carrizo

"Gambetear puede parecer arriesgado, pero yo lo veo fácil"

"Gambetear puede parecer arriesgado, pero yo lo veo fácil"

alfonso reyes

Juan Pablo Carrizo (Empalme Villa Constitución, Santa Fe, 6-5-1984) derrocha confianza en AS. Nos habla desde su buenas sensaciones en el Zaragoza hasta su relación con el mito Amadeo, pasando por su juego de pies, su fe en Argentina y en ir al Mundial, la personalidad de Maradona...

Tras tres meses en el Zaragoza y seis jornadas de Liga, ¿cómo se ha adaptado a la vida en la ciudad y al equipo?

Principalmente a la vida en la ciudad con mi familia muy bien, es una ciudad muy linda y tranquila, nos sentimos muy cómodos. Y la gente que conocemos nos trata muy bien y nos ha ayudado. Así uno puede trabajar mucho más tranquilo. Y en el ámbito laboral encontré compañeros como Fabián y Leo a los que ya conocía y un grupo joven que me ha acogido perfectamente.

Necesitaba un cambio en su vida y en su carrera, ¿verdad?

Sí. Yo pedí al Lazio marcharme, lo necesitaba. Ahí no jugaba por una decisión de un técnico que me castigó por mi estilo y yo me sentía bloqueado. Me banqué seis meses sin jugar de la mejor manera, pero cuando tuve la posibilidad de optar, opté por lo que creí y creo que es lo mejor: el Zaragoza. Aquí tengo la posibilidad de jugar, pero soy consciente de que a la vez esa posibilidad me la tengo que ganar yo.

¿Cuesta adaptarse de nuevo al fútbol oficial tras un tiempo sin jugar?

No, no. Para mí es una mentira esa teoría de que el arquero pierde el tiempo cuando no juega, porque entreno siete días a la semana igualmente. Estoy todo el día con el balón y es una cuestión de humildad. Si trabajas siempre igual, no hay problema de coger ritmo. Eso son cosas de los expertos o de la prensa, para mí suena a excusa.

¿El problema con el técnico del Lazio fue personal o por su estilo de juego?

Personalmente yo no soy de chocar con ningún técnico. A mí me gusta que me respeten y por tanto yo respeto. Fue una cuestión táctica, mi forma de moverme y de jugar, de utilizar mucho el juego con los pies...

Sus famosas gambetas...

Eso no le agradaba mucho. No entienden que la gambeta es un recurso, yo no vivo de la gambeta. Es un recurso que yo sumo a mi ser. Hay gente a la que le gusta y gente a la que no. Me tocó un técnico al que no le cayó bien o no le gustó ese estilo de portero. Yo me la banqué como un profesional, sin recriminarle. Le dije que para mí si era una cuestión de estilo se estaba equivocando, pero que yo iba a apoyar al grupo.

¿En Italia esos recursos están peor vistos que en España?

Yo vengo de un fútbol como el argentino en el que es muy importante que el arquero sepa jugar con los pies. Cuando un defensa recupera el balón y está presionado, mira al portero y si tiene confianza, le pasa la pelota y se ofrece para recibirla de nuevo. Pero si el defensa te tiene desconfianza, empieza a dudar. Y en la duda puede perder el balón y un partido. Yo prefiero que me la den, tomar responsabilidades. No soy de los que se esconden.

¿Alguna vez le costó un gol?

Nunca. Aclaro que yo no provoco la jugada, viene sola. Desde fuera parece arriesgado, pero yo lo veo fácil. No cojo el balón y busco hacer un regate, no. Yo intento pasar y si el delantero se echa encima, amago para salir por el otro lado.

¿Nos relata aquella gambeta a Turdó?

Creo que fue la más difícil. Porque el defensa me la tira atrás y yo controlo mal. Se me queda la pelota picando y yo veía que Turdó se me venía encima. Amagué con el cuerpo pero sin mover la pelota y cuando me estira la pierna, yo la saco para arriba. Me salió bien, menos mal, era el comienzo del partido. Son riesgos que uno asume, pero no los provoco. Suelen pasar.

¿Anteriormente tuvo problemas con algún entrenador por su juego de pies?

No. Soy consciente que no es habitual que un portero regatee a un delantero, pero no me considero el único. Hay arqueros que lo hacen, hay momentos en los que la jugada no te ofrece otra salida. Si tienes el pase bloqueado y golpeas, haces auto gol. Prefiero correr el riesgo y salir con el balón. He tenido técnicos que me han pedido cuidado y que intentara no provocarlo, pero nunca me han dicho: 'no lo hagas'.

El Kun sufrió su primera gran gambeta con el Zaragoza.

No miro quién es el rival, la jugada se me dio. El Kun pensó que yo iba a jugar rápido a la banda, pero yo fui para dentro y jugué con Leo rápidamente.

¿Le dijeron algo después el Kun, Marcelino o alguien?

No. Yo entiendo que pueda haber susto, pero yo quiero transmitir la confianza que yo tengo en mí mismo en esas acciones y que por eso lo hago.

¿Es una secuela de su etapa infantil como delantero?

Cuando era pequeño tuve un momento de locura en el que quería jugar de delantero (risas). En mi pueblo, en esa liga, eso te lo pueden permitir. Éramos justos y me dieron el gusto de jugar arriba. Creo que ahí aprendí a manejar ambas piernas por igual y a tener más confianza en mí con el balón. Ese aprendizaje fue positivo y me sirve ahora para mi juego.

¿Es necesario ese punto de locura para ser portero?

La locura debe ser medida. No es una locura alocada, entiéndame, no es ir por la vida generando disturbios, sino ser decidido en el campo a la hora de ir a buscar un balón en el que sabes que vas a recibir un golpe. El arquero va, no duda. Por eso lo llaman loco, hay que tener un temperamento especial. Es un puesto muy personal, al margen del grupo. Forma parte de un equipo, pero su juego es totalmente diferente. Si el equipo está bien, yo no participo. Si yo juego bien, es que el equipo no funciona.

¿Cuál es su mejor virtud?

No lo sé. Quizá sea que me gustan los desafíos, los momentos complicados. No es fácil dominar esos instantes y yo trato de dominar ese terreno. Me gusta jugar contra la crítica, eso te ayuda a superarte. Y luego trato de corregir día a día, siempre queda por mejorar.

¿Algo en especial?

En conjunto. Si cada día quiero ser mejor, debo mejorar en todo. En compromiso, en respeto, en trabajo, en ser mejor persona, en ser mejor profesional... Va todo en conjunto.

Usted brilla bajo palos, en el mano a mano, fuera del área, en balones frontales... pero parece que en los balones cruzados o los centros laterales se siente incómodo. ¿Es así?

No me siento más incómodo, pero es una jugada muy complicada para los porteros. Unos toman la decisión de salir, otros de quedarse en la portería. Es un segundo, quizá tres segundos lo que dura esa acción... Uno trata de tomar la mejor decisión o la más cómoda para sentirse seguro. Yo prefiero quedarme en la portería antes que arriesgar un choque con un compañero que está mejor posicionado y generar una ocasión de peligro. Sé que debo mejorar cosas.

¿Quién fue su ídolo?

Yo era aficionado de Independiente y me gustó mucho Faryd Mondragón, un colombiano.

Jugó en el Zaragoza.

Sí. Me gustó mucho, hizo una campaña muy buena en Independiente. Tenía mucha personalidad, era un arquero grande, con presencia en el arco. me identificaba con él. Pero siempre traté de no tener un prototipo sino de mirar pequeñas cositas de todos los porteros para generar un potencial en mí más completo.

¿Las sensaciones globales del Zaragoza hasta ahora son mejores que sus resultados?

Sí. Nos están costando demasiado los arranques de los partidos, con tres goles en seis partidos antes del minuto 7. Si corregimos ese pasaje del partido y entramos con más convicción y agresividad sacaremos mejores resultados.

¿Los goles tan temprano afectan especialmente al portero? ¿Son un golpe moral?

No. Si el Barcelona recibe un gol a los dos minutos, también es un golpe moral. Pero no le ocurre porque sale convencido y es preciso en los detalles. Nosotros debemos corregir eso. Y si ocurre eso, tratar de responder con una mejor cara.

Hablando del Barça, dentro de dos jornadas toca visitar el Camp Nou... Tendrá que llamar a Messi para pedirle que no sea muy cruel, ¿no?

(Risas). No, no. Sabemos que nos vamos a enfrentar a uno de los mejores equipos del mundo. Pero tendremos que hacer un trabajo organizado y no pensar en quién está enfrente. La clave del Zaragoza para conseguir buenos resultados es jugar sin pensar en el rival.

¿Veremos a Messi y a Carrizo en el Mundial?

Bueno, yo le deseo lo mejor a Argentina y creo que sí lo conseguiremos. A Perú en casa le vamos a ganar. Como todo argentino espero saber responder en las complicadas. Somos un país con muchos problemas políticos, sociales, económicos... Convivimos en el nerviosismo, pero esa costumbre le permite también saber salir de lo peor.

¿Y usted? ¿Iría convocado?

Yo confío ciegamente en mí y espero tener una nueva chance. Ahora Diego apuesta por otros arqueros. Eso me da bronca pero yo la canalizo por el trabajo par demostrarle que se equivoca. Hay que tener fe, yo no bajaré los brazos.

¿Cómo es tener de entrenador al Dios de los argentinos?

Yo tengo buena experiencia, Diego transmite mucho esa pasión que él tenía como jugador. Transmite mucho en lo anímico por su temperamento. En lo táctico nos deja libertad para que nos sintamos cómodos y tranquilos, nos pregunta nuestra opinión a la hora de marcar y de atacar, es muy abierto en ese aspecto. Diego permite que el jugador tome determinaciones y me parece bien que un técnico dé esa confianza cuanto tiene jugadores que juegan en el Barça, el Inter, el Madrid...

¿Por qué le llaman 'Amadeus' en Argentina?

Fue un juego de un periodista. Ganábamos 1-0 contra Lanús, íbamos segundos en la clasificación y nos lanzaban un penal en el minuto ochenta y pico. Si nos lo metían y empatábamos el partido, nos quedábamos fuera de la pelea por el campeonato. Yo tapo ese penal, ganamos el partido e influyo en que a la fecha siguiente podamos ganar el campeonato. Entonces, por Amadeo Carrizo, un gran arquero del fútbol argentino, y por la ayuda divina de ese momento, me puso Amadeus.

¡Cómo les gusta poner motes a los argentinos!

(Risas) Sí, sí, les encanta. Es el folclore del fútbol nuestro. Pero un jugador no puede vivir sólo con eso, cada partido hay que mostrar algo mejor o diferente que en el anterior.

¿También le llaman 'Pichi'?

Ese es un apodo más personal, más de barrio. Solamente las personas que me conocen por Pichi son de mi pueblo, las personas de mi familia, mis amigos, la gente de más confianza de toda la vida. Es un apodo que tengo desde los cinco años, si mal no recuerdo. En Buenos Aires nadie me llama Pichi.

¿Cómo le ha influido compartir apellido con un mito como Amadeo Carrizo?

Tengo una experiencia muy buena con Amadeo. Yo llegué a River muy pequeño y allí, además de la ayuda de la familia, el club te ofrece la posibilidad de trabajar. Yo acepté porque me gustaba y trabajé en una oficina con la correspondencia. Amadeo se enteró de que había un arquero muy joven en River que se apellidaba también Carrizo, le llamó la atención y quiso conocerme. Vino y me regaló su libro (El arte de atajar, Amadeo) dedicado: 'para mi tocayo Juan Pablo Carrizo'. En ese momento fue un shock, algo muy especial y motivador. Siempre habló bien de mí y me ha ayudado mucho que un experto como él me apoyara para que la prensa y los técnicos confiaran en mí.

¿Les han comparado?

No. Me han preguntado muchas veces si era mi abuelo, si era un familiar. Pero es pura coincidencia, en el árbol genealógico no hay ninguna coincidencia. Da la casualidad de que él nació en Rufino, provincia de Santa Fe. Yo soy de Santa Fe. Nos apellidamos Carrizo. Jugamos en River...