Un triste panorama
La noche comenzó con protestas y terminó con silbidos. El partido terminó en la enésima decepción rojiblanca y el equipo se asoma ya peligrosamente al precipicio. Los grandes empiezan a estar muy lejos y lo peor es la sensación de miedo que transmitió el equipo ayer a su gente.


Decepción. No conozco a ningún equipo del mundo que tenga mayor poder de autodestrucción que el Atlético. No hay ninguno que se haga tanto daño a sí mismo como el rojiblanco. Porque no se entiende de otra manera lo que le pasa al conjunto del Manzanares. No se entiende que los de Abel estropearan ayer en cinco minutos el trabajo de los 85 restantes. Y no es que el Atlético hiciera ayer un partidazo, que no lo hizo, pero sí tenía los tres puntos en el bolsillo y la sensación de que con esa victoria el equipo arrancaría en la Liga. Del "Te quiero Atleti" y los aplausos a Forlán y Maxi, se pasó a una nueva decepción. Del perdón a Cléber al "¡Cerezo, fuera del Calderón!"
Triste panorama. El caso es que el Atlético lleva dos puntos en cuatro jornadas, está muy lejos del objetivo previsto al comienzo de la Liga y por unas cosas u otras el equipo no termina de despegar. Y el sábado espera el Valencia... Y el miércoles, el Oporto... El problema para los rojiblancos es que tienen tal estado de tensión y ansiedad que así parece complicado jugar al fútbol. En situaciones como ésta hasta futbolistas tan veteranos como Forlán fallan un penalti. O jugadores de la categoría de Kun no son capaces de culminar contragolpes claros de gol. Con este estado de tensión los partidos le pesan al Atlético como una losa y hasta que no se haga con los tres puntos no se la quitará de encima y el Valencia no parece rival propicio para ello.
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Manifestación. El partido empezó con una manifestación en la puerta cero del Calderón. Unas 200 personas criticaron la labor de los máximos dirigentes de la entidad, Cerezo y Gil Marín. "22 años de Gilismo... ¡Basta ya!", decía la pancarta que encabezaba la manifestación que finalizó cerca de la puerta 32, diez minutos después de comenzar. En el trayecto, los manifestantes exhibieron pancartas en las que acusaban a los directivos de delincuentes. La comitiva animaba al resto de aficionados a que se sumara a la marcha, pero la gente no estaba ayer por la labor. Guardaban fuerzas para lo que iba a venir después. Y pese a ser partido entre semana, pese a la hora y al mal juego del equipo, más de 40.000 espectadores fueron a ver a su equipo.
Ganas de ganar. Porque la afición lo que tenía ayer era, sobre todo, ganas de ver a su equipo ganar, de celebrar todos juntos al fin una victoria en la Liga y comenzar a remontar el vuelo. Hace tan sólo cuatro meses el Calderón terminó dando botes y vitoreando a los suyos en el encuentro ante el Almería. El equipo finalizó la temporada en puesto Champions y la afición quería reeditar esos buenos momentos. Abel dijo que quería reconciliarse con su hinchada, pero al equipo le entró miedo, terror a ganar y la afición volvió a marcharse triste, amargada y disgustada. Y en el fondo flota que Abel puede estar acabando con su crédito como técnico rojiblanco.



