Una función a medias
Las Palmas agrada frente a la Real pero no remata

Erizada por la ración extra de orgullo, hombría y palabras de grueso calibre del balcánico que atronaban ayer en las esquinas del Gran Canaria, la Unión Deportiva emocionó al personal durante un buen rato aunque dejó la función a medias. El empate frente a la Real Sociedad no es el debut soñado e idealizado después de las columnas de emoción que han desfilado durante el verano, pero aplica una dosis de necesaria realidad al proyecto. Los pies ya están en el suelo y todos saben que el ascenso a Primera División es un embudo estrecho a donde acceden los listos y los buenos, aunque en esta enumeración también quepan los rudos y virtuosos. En esa mezcla se movió el partido, con ratos vibrantes y minutos carnosos, aunque también hubo instantes con fútbol grosero y plúmbeo, sobre todo, cuando no quedaba una brizna de aire en los pulmones.
Kresic sorprendió de inicio. Durante toda la preparación estival intentó cimentar un esquema basado en el 4-2-3-1 que ayer convirtió en 4-4-2, que ya había probado con agrado en la segunda mitad frente al Málaga en el último ensayo general. Si descollante fue la actuación de Salomón Rondón, inopinada después de una temporada anterior de escaso asentamiento, no menos brillante resultó el papel de Álvaro Cejudo. El andaluz imita a los clásicos locales, a esos que tanto adora la parroquia canaria. Se encuentra cómodo con el balón, el regate, la pared y demostró que no se asusta frente al gol.
En medio de un ambiente cargado de empuje y electricidad, Márquez pudo tener un bautizo delicioso cuando antes de cruzar la frontera del minuto diez remató un buen centro de Dani López. La jugada se repitió por el otro sector un rato después, ahora el servicio era de Juanpa y el remate desviado de Rondón. No fueron dos escarceos puntuales porque en el ideario del croata los laterales tienen trabajo en dos sentidos. Están obligados a desbordar y también a fajarse, aunque Agirretxe, cuando no se tenían noticias de los donostiarras, se marchó con inusitada facilidad de Juanpa y colocó el balón lejos de Pindado.
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El gol, lejos de convertirse en un drama como antaño, fue sólo una circunstancia del juego porque justo antes del descanso, con Rivas en el suelo y la ley no escrita del fair play tiritando, Álvaro Cejudo aprovechó un balón de Jorge para ametrallar desde cerca a Bravo.
El empate abrió un escenario distinto en la segunda parte. Las Palmas perdió el gobierno del encuentro y el peligro balanceó de una a otra área sin un criterio claro. Rondón y Agirretxe pudieron desnivelar la faena con ocasiones nítidas, pero el partido murió entre un salva de aplausos e ilusión, que ni siquiera la expulsión postrera de David González atrevió a distraer.



